Woody Allen dijo una vez que lo único que lamentaba en la vida era no ser otra persona. Lamentarse o arrepentirse de las cosas puede modelar a las personas y cambiar sus trayectorias, especialmente en la sociedad norteamericana, donde todo parece totalmente posible; aunque, por supuesto, convertirse en otra persona es un poco más difícil. Neal Roese, profesor de márqueting de la Kellogg School of Management, estudia los resultados de las emociones y es experto en la toma de decisiones. Se ha dedicado a descubrir cuáles son las cosas que más lamentamos, por qué nos arrepentimos de las cosas que hacemos, y cómo ese arrepentimiento puede ser de hecho una fuerza positiva en nuestro comportamiento futuro.

El trabajo de Roese muestra que el arrepentimiento o remordimiento es una fuerza poderosa en la vida humana. Lejos de ser negativo, el arrepentimiento es en realidad reconocido por el cerebro humano como una influencia positiva en el comportamiento futuro. Los importantes mensajes del arrepentimiento se pueden aplicar a todo, desde el márqueting hasta la toma de decisiones para el futuro.

Encontrar la ventaja de las emociones
Roese empezó con el examen de las llamadas emociones negativas: ira, ansiedad, aburrimiento, decepción, miedo, culpa, celos y tristeza. Quería averiguar si la gente creía que las emociones negativas eran beneficiosas, perjudiciales o algo intermedio. Su equipo encontró que el arrepentimiento, como otras varias emociones negativas, se veía tanto de forma favorable como negativa. La gente puntuaba el arrepentimiento más hacia el lado positivo que negativo. Solo los celos se consideraron negativos sin ambigüedad.

“El arrepentimiento es como una señal de alerta”.

“El arrepentimiento es como una señal de alerta”, dice Roese, y explica que cuando uno lamenta algo, esto le ayuda a actuar para cambiar el futuro. El cerebro humano bloquea el arrepentimiento cuando no se puede hacer nada, en su opinión. Cuando tenemos la oportunidad de cambiar las cosas (por ejemplo, tras una discusión con un amigo), el arrepentimiento entra en acción y nos hace cambiar el rumbo (digamos, hablando de la situación con el amigo) para arreglar las cosas.

En un estudio más profundo, Roese halló que las personas atribuían un alto valor al arrepentimiento. Los estudiantes respondieron que el arrepentimiento les ayudaba a tomar decisiones para el futuro más que otras emociones negativas. El arrepentimiento tenía la puntuación más alta de las emociones negativas en las cinco funciones de la emoción: ayudarles a comprender el mundo, evitar comportamientos futuros, aprender de la experiencia, lograr armonía social y mejorar el enfoque.

Este hallazgo sorprendió a Roese, porque estudios previos habían presumido que la gente siente aversión por el arrepentimiento. Roese dice que haber descubierto que las personas valoran el arrepentimiento tanto en sentido absoluto como relativo abre posibilidades para futuros esfuerzos. “Creo que la mayor sorpresa es que la gente reconoce que el arrepentimiento tiene su lado bueno y su lado malo. Desde el punto de vista psicológico, pensamos que la gente percibe las emociones negativas como malas experiencias, pero la verdad es que la gente es consciente del poder de las emociones negativas tanto como de las positivas”. Las emociones negativas (y especialmente el arrepentimiento) nos pueden ayudar a poner los hechos en contexto y cambiar nuestro comportamiento futuro.

Raíces del arrepentimiento
En otro trabajo, Roese examinó otros once estudios relacionados con el arrepentimiento, en los que los sujetos puntuaban las partes de su vida que más lamentaban. La educación formal era lo que más inducía a lamentaciones, seguida por la carrera profesional, cuestiones románticas, de paternidad, de la persona misma y de ocio. Las puntuaciones resultaron ser notablemente consistentes en los diversos estudios con gente de distintos grupos de edad y ubicaciones. Roese pensó que la formación podría encabezar la lista de forma consistente, porque es una parte de la vida con oportunidades inacabables, y la oportunidad da lugar a lamentarse por desaprovecharla. “En parte, la educación formal conecta a una persona a las otras áreas de la vida: dinero, realización personal, conocer gente, encender la chispa del romance y hacer amigos”, dice Roese. “Además, tenemos la oportunidad a lo largo de nuestras vidas de aprender más, de desarrollar nuevas habilidades para el trabajo y el placer”. El sentimiento de insatisfacción es más fuerte cuanto más evidentes son las oportunidades de acción correctora.

La cultura también tiene importancia en lo que los norteamericanos lamentan. “Estos hallazgos están muy ligados a la idea americana de la posibilidad y también a la forma en que la gente de todos los estratos sociales puede superarse”, apunta Roese. Paradójicamente, cuando las personas están más controladas por la estructura de la sociedad (por ejemplo, en lugares donde es habitual el matrimonio concertado), éstas suelen tener menos remordimiento o arrepentimiento porque tienen menos posibilidades de elección. “En parte, los norteamericanos somos más infelices como cultura porque tenemos la oportunidad de arreglar las cosas. Tantas opciones pueden ser una carga. La cultura norteamericana se basa en montones de opciones: cosas que comprar, sitios donde ir, gente con quien salir. Esto aporta tanto placer como un lado oscuro, en el sentido de que nos da más oportunidades de lamentarnos”.

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Figura 1: Lo que más lamentamos, un meta-análisis

Después, Roese llevó su investigación al laboratorio para intentar encontrar lo que se denomina principio de la oportunidad, que han propuesto algunos estudios nuevos. En un estudio, Roese con su equipo pidió a los estudiantes universitarios que apuntaran una sola cosa que lamentaran y que recordaran vivamente—sin usar de hecho la palabra “lamentar/arrepentirse”. “Queríamos que los sujetos usaran sus propias palabras. Aunque otros estudios muestran que las personas tienen una clara percepción de lo que es el arrepentimiento, lo que los psicólogos definen como tal puede no ajustarse a lo que la gente se imagina que es”.

En un segundo estudio, Roese comprobó el papel de la oportunidad al dirigir la atención a áreas de gran oportunidad (como la educación) o baja oportunidad (como la familia) de la vida. Se encontró que la oportunidad y la importancia estaban altamente relacionadas.


Poner el arrepentimiento a trabajar
Roese está buscando formas de dar uso a su investigación en los mensajes para el márqueting. Está considerando cómo estructurar los mensajes de márqueting y publicitarios para aprovechar la idea del arrepentimiento y hacer que los consumidores den más valor a una empresa o un producto. Un ejemplo de éxito es la campaña publicitaria de V8, que dice "Podía haberme tomado un V8”. Roese dice que esto crea un instante fugaz de arrepentimiento, y por tanto una necesidad emocional momentánea que el consumidor querrá satisfacer la próxima vez que pase por el pasillo de las bebidas del supermercado.

Otra forma de poner el arrepentimiento al servicio de las personas es ayudarlas a crear narraciones basadas en puntos de inflexión: aprovechar el arrepentimiento para hacer que la gente actúe mejor en el futuro. La idea es actuar ahora para evitar remordimientos más tarde. El mensaje más profundo de todo este trabajo, dice Roese, es que todas las emociones son buenas para nosotros—incluso las negativas. “Incluso si sentir esa emoción no nos gusta en ese momento, tiene sus beneficios secundarios”.