Racionalización en la toma de decisiones

No siempre elegimos nuestra opciĆ³n preferida

Based on the research of Vadim Cherepanov, Timothy Feddersen and Alvaro Sandroni

Si usted es como la mayoría, seguramente le gusta el chocolate y lo come con frecuencia. Eso no está mal, puede pensar. Después de todo, el chocolate tiene antioxidantes y levanta el ánimo. Aunque esto puede ser cierto, no es la verdadera razón por la cual comemos chocolate: es simplemente un razonamiento lógico que seguimos para sentirnos menos culpables por comer algo de alto contenido en grasa y azúcar. Las personas racionalizan las cosas de esta forma con frecuencia y se cuentan historias, a veces de dudoso mérito, para justificar su comportamiento. Un nuevo trabajo de Timothy Feddersen (Profesor de economía de gestión y ciencias de la decisión de la Kellogg School of Management) muestra la importancia de la racionalización (antes estudiada principalmente en psicología) en las elecciones y cómo ésta puede ayudar a los economistas a entender por qué la gente toma decisiones que van en contra de las teorías económicas clásicas.

“La gente tiene preferencias. Pero no pueden elegir cualquier cosa que les guste porque tienen que ser capaces de racionalizar la elección”, explicó Feddersen, que colaboró en este proyecto con Vadim Cherepanov y Alvaro Sandroni, ambos economistas de la Universidad de Pennsylvania. Apeló al principio económico básico de la optimización con restricciones, por el cual los individuos buscan el mayor beneficio posible dadas las limitaciones y exigencias de una situación. “La racionalización significa que las personas son optimizadoras con restricciones, y una de las restricciones [en cuanto a elegir una preferencia] es que tienen una psique que les exige una justificación racional”, dijo.

En 1920 Sigmund Freud describió el ello, el yo y el superyó en su ensayo seminal “Más allá del principio del placer”. Introdujo la idea de los mecanismos de defensa que los humanos utilizamos para paliar la ansiedad creada cuando notamos que no podemos hacer lo que queremos y al mismo tiempo seguir siendo racionales. Aunque Freud fue el primero en describir el concepto de los mecanismos de defensa, fue uno de sus colegas quien identificó un mecanismo de defensa en particular unos años antes. En su artículo de 1908, “La racionalización en la vida cotidiana”, Ernest Jones escribió:  “Todo el mundo siente que como criatura racional debe ser capaz de dar cuenta de sí mismo, de su conducta y opiniones de forma continua, conexa y lógica, y todos sus procesos mentales se ven manipulados y corregidos inconscientemente con este fin.”

El modelo del “Warm Glow”

Feddersen ha pasado gran parte de su carrera examinando la conducta y opiniones humanas tal como se expresan en el comportamiento ante el voto. Ha estudiado por qué la gente sigue acudiendo a las urnas aunque cada voto individual tiene poco impacto en las elecciones en general. Feddersen y Sandroni desarrollaron un modelo del “votante ético”, que afirma que uno se siente validado personalmente al votar por un candidato que considera moral o éticamente superior. A partir de este modelo desarrollaron lo que denominan un modelo del “warm glow”, que sugiere que la gente vota porque el hecho de ser un ciudadano responsable les hace sentir una especie de satisfacción interior (a la que se refiere la expresión en inglés warm glow).

Algunos economistas han intentado explicar los comportamientos que contradicen la teoría de la elección clásica, y se preguntaron si el modelo warm glow podría explicar dichas anomalías. De acuerdo con esta teoría, una persona tiene un conjunto de preferencias. Prefiere X sobre Y, Y sobre Z, y por tanto siempre debería preferir tanto X como Y antes que Z. Pero de vez en cuando, puede que elija Z a pesar de esto. Feddersen y sus colaboradores no pensaban que el argumento del warm glow proporcionaba la mejor explicación para tales incumplimientos de la teoría clásica. De modo que empezaron a considerar la racionalización como un modo de entender este comportamiento aparentemente extraño.

Para ponerle cara humana a los argumentos matemáticos que describen, Feddersen y sus colegas cuentan la historia de una mujer que se llama Dee. Dee decide salir pronto del trabajo para ir a celebrar con su amiga Sally quien acaba de conseguir un nuevo trabajo. Cuando Dee se está preparando para salir de la oficina, le llama su compañera de trabajo, Kathy, que está en el hospital y desea tener visitas. Entonces Dee llama a Sally para decirle que ya no puede ir con ella a celebrar porque le queda mucho trabajo que hacer y se queda en la oficina.

Este tipo de comportamiento tan común va en contra de la teoría económica clásica. En un principio, Dee parece preferir a Sally sobre el trabajo. Cuando introducimos una tercera opción (el hospital) esta preferencia por Sally sobre el trabajo no debería cambiar. Incluso si Dee clasifica sus preferencias con el orden (1) hospital, (2) Sally y (3) trabajo, no debería elegir nunca el trabajo antes que Sally. Pero eso es exactamente lo que Dee eligió, trabajo en lugar de Sally, rompiendo así las reglas de la teoría estándar.

Sin racionalización, no hay decisión

El modelo de racionalización de Feddersen aporta una explicación intuitiva para el comportamiento de Dee. “Podemos comprender por qué, cuando se introduce esta tercera alternativa, Dee no puede ir a ver a su amiga Sally. No lo puede racionalizar,” dijo. Por lo tanto, una decisión que no se puede racionalizar es una decisión que no se puede tomar.

Dee siempre puede encontrar racionalizaciones para quedarse en el trabajo: el trabajo es lo primero. Y a veces, también puede racionalizar el salir temprano del trabajo para visitar a Sally porque la amistad a veces es más importante que el trabajo. Este es el razonamiento que usa Dee en un principio. Pero en cuando se entera de que Kathy está en el hospital, Dee ya no puede racionalizar la visita a Sally, porque Kathy necesita más su apoyo. Esta nueva información, al hacer imposible racionalizar su preferencia original de divertirse con Sally, deja a Dee con sólo dos opciones: quedarse en el trabajo o ir al hospital. Como prefiere quedarse a trabajar a visitar el hospital, Dee elige quedarse en el trabajo.

El trabajo de Feddersen ilustra cómo la incapacidad de racionalizar una preferencia puede restringir nuestra capacidad para elegir una opción preferida. Además, “la teoría de la racionalización revela un orden de preferencia único en una variedad de casos en los que la teoría estándar no puede establecerlo,” escriben Feddersen y sus colaboradores. Esto es importante para los economistas y para los responsables de decisiones, quienes sólo pueden observar comportamientos y opciones, de los cuales deben inferir las preferencias de las personas.

Según Feddersen, el estudio plantea dos preguntas para el futuro. En primer lugar, ¿por qué racionalizan las personas? Y en segundo lugar, ¿cómo decide un grupo qué justificaciones racionales son aceptables? “A veces nuestra incapacidad de racionalizar limita la elección de lo que nos gustaría hacer.. Y la cuestión es, ¿por qué tendría esto que limitarnos?.”

Further reading:

Freud, Sigmund (1920). Jenseits des Lustprinzeps (Beyond the Pleasure Principle). Leipzig-Vienna-Zurich.

Jones, Ernest (1908). “Rationalization in Every-Day Life.” Journal of Abnormal Psychology, 161-169.

Font size   normal large