¿Alguna vez se siente usted bajo presión en el trabajo para realizar una acción que compromete sus principios éticos? ¿Tal vez su jefe le pide que mienta diciendo que está en una reunión cuando realmente se va a jugar al golf, o algún supervisor le pide que haga la vista gorda cuando desaparece dinero de la caja?

No está usted solo: en una encuesta realizada en 2013 por el Ethics Resource Center (Centro de Recursos Éticos), casi el 10 por ciento de los trabajadores manifestaron haber sufrido ese tipo de coacción.

Maryam Kouchaki, de la Kellogg School, quiere ayudar a los trabajadores a sentirse menos impotentes en este tipo de situaciones. No les puede indicar la manera perfecta de rechazar peticiones inescrupulosas, pero sí la forma de evitarlas en primer lugar.

Su nueva investigación demuestra que exhibir un “símbolo moral”, tal como una imagen religiosa, un cartel con una figura espiritual como Gandhi o una cita pertinente que haga alusión a la ética puede servir en el trabajo como una especie de amuleto contra la corrupción. El símbolo tiene el doble efecto de estimular la consciencia moral de los demás y transmitir la impresión de que el que lo exhibe es una persona de gran rectitud moral.

“La idea es que ser poseedor de una auténtica integridad moral y estar orgulloso de ello y darlo a conocer abiertamente puede tener consecuencias positivas”, dice Kouchaki, profesora adjunta de gestión y organizaciones.

Un “collar del ajos”
Es el mismo razonamiento que utilizaban los aldeanos medievales que, en lugar de resignarse a que Drácula se les abalanzara en cualquier momento encima con toda la fuerza de sus correosas alas, se adornaban con talismanes para espantar a los vampiros.

Pero, si bien nadie ha publicado aún un trabajo evaluado por expertos sobre la eficacia protectora de los crucifijos y el agua bendita, Kouchaki y Sreedhari Desai han realizado seis estudios en la Kenan-Flagler Business School de la UNC para someter a prueba su hipótesis. Publicaron los resultados en un nuevo artículo en el Academy of Management Journal: “Símbolos morales: un collar del ajos contra las peticiones inescrupulosas”.

“Continuamente se oye hablar de personas que dicen que han tenido que actuar de manera reprobable para conservar su puesto de trabajo, porque se les pidió que lo hicieran y no se atrevieron a negarse”, dice Kouchaki. “Queríamos averiguar si había manera de decir que no de un modo sutil pero eficaz que evitara que se produjera la penosa situación en el primer lugar”.

Cuando el dinero y la moralidad chocan
En uno de los estudios del trabajo, se invitó a 148 estudiantes universitarios a participar en un juego en que se ofrecía un premio monetario. Se dijo a los participantes que iban a actuar de supervisores de otros dos compañeros de equipo llamados Pat y Sam. (En realidad Pat y Sam eran personajes ficticios). A continuación se les enseñaron correos electrónicos en los que sus dos compañeros de equipo se presentaban a sí mismos. Para algunos participantes, el mensaje de presentación de Pat contenía una cita sobre la moral; para otros, no. El mensaje de Sam no contenía cita ninguna.

La cita —"más vale caer con honor que ganar con fraude”— fue cuidadosamente seleccionada por considerarse discreta y asimismo adecuada para un ambiente de negocios, según Kouchaki. “No hacía demasiado alarde de escrupulosidad moral, para no caer en la mojigatería y provocar el desprecio de los demás, y además sonaba realista y natural”.

En el juego, los participantes tenían que decidir si uno de sus dos compañeros de equipo enviaría a otro equipo un mensaje veraz o un mensaje engañoso, así como cuál de los dos compañeros de equipo debería enviarlo. El mensaje veraz, se dijo a los participantes, probablemente daría lugar a que su equipo perdiera $18 de sus ganancias, mientras que el mensaje engañoso probablemente daría lugar a que su equipo perdiera solamente $3. En ambos casos, el subordinado que enviara el mensaje no sabría si era engañoso o no.

El 64 por ciento de los participantes que no habían sido expuestos a la cita ética optaron por mandar el mensaje engañoso; solo el 46 por ciento de los que vieron la cita ética lo mandaron.

No solo eso, sino que los que vieron la cita ética y aun así decidieron mandar el mensaje engañoso se mostraron más propensos a elegir a Sam (cuyo correo electrónico no contenía ninguna cita) para que lo enviara. En un experimento ulterior se observaron efectos protectores similares en avatares cuando estos vestían camisetas estampadas con nombres de sitios web tales como SuMoralidad.org.

Lo que significa que el collar de ajos dio resultado.

“Solemos evitar ensuciar las cosas que están limpias”, dice Kouchaki, apuntando a la bibliografía antropológica y psicológica que propone que las personas por naturaleza consideran que es una inmoralidad profanar objetos o seres que se perciben como puros. Tal vez los participantes del estudio evitaron pedir al subordinado que percibían como una persona escrupulosa que realizara una tarea inmoral porque eso hubiera sido doblemente inmoral.

O puede ser, precisa Kouchaki, que ver un símbolo moral consciente o inconscientemente aumenta la sensibilización moral del que lo observa.

De la teoría a la práctica
Para poner a prueba estas conclusiones en el campo, Kouchaki y el Desai encuestaron a 104 pares de superiores y subordinados de distintas organizaciones en la India, donde con frecuencia se exhiben objetos religiosos en el trabajo. En la encuesta se preguntó a los superiores acerca de su subordinado: su rendimiento laboral, su relación con el superior, su tendencia a exhibir símbolos morales y su carácter moral. A los subordinados se les preguntó con qué frecuencia sus superiores les daban directrices inescrupulosas, así como la frecuencia con la que los visitaban en su despacho.

Los autores constataron que los subordinados que exhibían símbolos morales mostraron tener más probabilidades de que sus superiores los consideraran personas de gran rectitud de carácter, y menos probabilidades de que se les hubiera pedido comprometer sus principios morales en el trabajo. No solo eso, sino que "no se observaron señales de repercusiones negativas ni diferencias en las evaluaciones del rendimiento laboral", dice Kouchaki.

En otras palabras, exhibir símbolos morales no pareció influir negativamente en los sentimientos del superior por su subordinado. Igualmente, cuando posteriormente se preguntó a los participantes del experimento con el correo electrónico si pensaban que los correos de Sam y de Pat habían influido en su decisión de enviar mensajes éticos o no éticos, ninguno de ellos indicó que hubieran influido.

No es un dato baladí, ya que en la encuesta del Ethics Resource Center el 21 por ciento de los empleados que habían denunciado casos de mala conducta manifestaron haber sufrido represalias.

¿Y en qué medida sería capaz de proteger de otros abusos ese crucifijo o ese cartel de Gandhi? Kouchaki se apresura a precisar que su investigación se concentró principalmente en los comportamientos reprobables relacionados con el dinero. Se necesitan más estudios para determinar si los símbolos morales son capaces de proteger contra otros tipos de corrupción, tales como la discriminación racial y el acoso sexual. Ella sospecha que sí.

“No ha habido suficiente investigación sobre lo que las personas indefensas pueden hacer para protegerse”, dice Kouchaki. “Queremos que sientan que, sea como sea, sí tienen el control de la situación y hay cosas que pueden hacer para evitar comportamientos dudosos por parte de los demás”.