Strategy Economics Policy ene. 1, 2011

¿Es la democ­ra­cia ben­efi­ciosa para la paz?

Las democ­ra­cias lim­i­tadas y los dic­ta­dores «blan­d­os» pueden hac­er que los con­flic­tos se intensifiquen

Based on the research of

Sandeep Baliga

David O. Lucca

Tomas Sjöström

A medi­da que las protes­tas iban en aumen­to con­tra la con­tro­ver­ti­da elec­ción en 2009 del pres­i­dente Mah­moud Ahmadine­jad en Irán, el pres­i­dente Barack Oba­ma anun­ció que los val­ores democráti­cos debían respetarse, pero añadi&oacutoacute; que Esta­dos Unidos no tenía inten­ción de inmis­cuirse en los asun­tos iraníes.

Muchos denun­cia­ron la reac­ción mod­er­a­da del pres­i­dente. Pero Sandeep Bali­ga, pro­fe­sor tit­u­lar de Economía Empre­sar­i­al y Cien­cias de la Decisión en la Kel­logg School of Man­age­ment, afir­ma que el pres­i­dente Oba­ma tomó la decisión acer­ta­da. «Si respon­demos con nues­tra propia bravu­con­ería, lo más prob­a­ble es que esto exac­erbe la situación más que nun­ca», escribió en un comen­tario pub­li­ca­do en un edi­to­r­i­al de la edi­ción elec­tróni­ca del New York Times acer­ca de la situación en Irán.

Bali­ga y sus cole­gas David O. Luc­ca, econ­o­mista de la Jun­ta de la Reser­va Fed­er­al de EE.UU., y Tomas Sjöström, pro­fe­sor de economía en la Uni­ver­si­dad Rut­gers, sostienen que los diri­gentes de las democ­ra­cias lim­i­tadas o las dictab­landas respon­den de man­era más agre­si­va ante las ame­nazas que los diri­gentes de las autén­ti­cas dic­taduras o las autén­ti­cas democ­ra­cias. En su informe, anal­izan los con­flic­tos inter­na­cionales entre las democ­ra­cias, las dic­taduras y los gob­ier­nos que se sitúan entre ambos extremos. Irán, con su sis­tema elec­toral semi­democráti­co, pertenece a esta últi­ma categoría.

Mod­elización de las for­mas de gob­ier­no
El equipo elaboró un mod­e­lo de teoría de jue­gos en el que los con­flic­tos se des­en­ca­de­nan ante el temor de los líderes tan­to a ser ata­ca­dos como a ser des­ti­tu­i­dos del poder por el pueblo al que gob­ier­nan. Los diri­gentes democráti­cos arries­gan más que los dic­ta­dores si no reac­cio­nan de man­era agre­si­va ante las ame­nazas del exte­ri­or, porque, a difer­en­cia de los dic­ta­dores, se enfrentan al reto de la reelec­ción. Sin embar­go, una guer­ra innece­saria per­ju­di­ca al diri­gente de una autén­ti­ca democ­ra­cia si el votante medio la juz­ga innece­saria. Al mis­mo tiem­po, un diri­gente de una democ­ra­cia lim­i­ta­da puede sobre­vivir políti­ca­mente en la may­oría de las situa­ciones, sien­do expul­sa­do sólo cuan­do mues­tra debil­i­dad ante una agre­sión. Por lo tan­to, en el mod­e­lo del equipo, los diri­gentes de democ­ra­cias lim­i­tadas eran los más propen­sos a actu­ar ante ame­nazas del exte­ri­or, porque se expo­nen a menos reper­cu­siones en la decisión de ir à la guer­ra que los diri­gentes de autén­ti­cas democ­ra­cias. Los dic­ta­dores fuertes no se expo­nen a ser des­ti­tu­i­dos del poder si mues­tran debil­i­dad ante una agre­sión, lo que sig­nifi­ca que los dic­ta­dores tien­den a ser menos agre­sivos que los diri­gentes de una democ­ra­cia limitada.

Basan­do su mod­e­lo en la real­i­dad, el equipo clasi­ficó los regímenes entre 18162000 como dic­taduras, democ­ra­cias lim­i­tadas o democ­ra­cias ple­nas uti­lizan­do un sis­tema de clasi­fi­cación tip­i­fi­ca­do elab­o­ra­do por politól­o­gos. Por ejem­p­lo, Gran Bre­taña se clasi­ficó como una democ­ra­cia lim­i­ta­da entre 18211829 porque, aunque hubo un par­la­men­to que hacía de con­trape­so al monar­ca, no todo el mun­do podía votar. Igual­mente, al otor­gar­le Napoleón III más poder al par­la­men­to galo en 1870, Fran­cia pasó de una dic­tadu­ra a una democ­ra­cia limitada.

Los autores des­cubrieron que dos país­es con democ­ra­cias lim­i­tadas tienen más prob­a­bil­i­dades de luchar entre sí que cualquier otra com­bi­nación. Por ejem­p­lo, alrede­dor del año 2000, país­es par­cial­mente democráti­cos como Tan­za­nia y Burun­di, Kenia y Etiopía, y Ghana y Togo lucharon entre sí. En los albores del siglo pasa­do, Ale­ma­nia com­bat­ió con­tra Japón, Colom­bia con­tra Perú e Italia con­tra Turquía durante los peri­o­dos en que cada una de esas naciones poseía una democ­ra­cia limitada.

La paz era más prob­a­ble en cualquiera de los dos extremos. Los país­es dirigi­dos por dic­ta­dores tenían un 36% menos de prob­a­bil­i­dades de luchar entre sí que dos país­es con democ­ra­cias lim­i­tadas. Y la prob­a­bil­i­dad de con­flic­to entre dos país­es ple­na­mente democráti­cos es un 95% más baja que la exis­tente entre dos democ­ra­cias limitadas.

El miedo es una moti­vación excep­cional
El miedo ali­men­ta la moti­vación para la guer­ra en el mod­e­lo de Bali­ga, que es la razón por la cual los diri­gentes de las democ­ra­cias ple­nas pueden entrar en una guer­ra para con­ser­var el respal­do políti­co a medi­da que los ciu­dadanos se ponen cada vez más nerviosos en relación con otro país. En esta situación, los diri­gentes democráti­cos se pre­ocu­pan ante la posi­bil­i­dad de que su país sea ata­ca­do, pero tam­bién se pre­ocu­pan de obten­er el respal­do para su reelec­ción por parte de un pueblo que bus­ca un lid­er­az­go pro­tec­tor. Cier­ta­mente, un repa­so à la his­to­ria nos mues­tra que las democ­ra­cias se vuel­ven vio­len­tas con may­or rapi­dez que otros tipos de regímenes, dice Baliga.

En el pasa­do, los his­to­ri­adores han atribui­do las guer­ras al miedo. Por ejem­p­lo, los politól­o­gos han sug­eri­do que los diri­gentes de Ale­ma­nia entraron en la Primera Guer­ra Mundi­al en parte para acallar la agitación inter­na à la que se enfrenta­ban en su país. El mod­e­lo de teoría de jue­gos del equipo com­bi­na tan­to el miedo como la políti­ca inter­na como causas pri­mor­diales de la guer­ra. Sin embar­go, fac­tores como el desar­rol­lo económi­co y el com­er­cio tam­bién inci­tan à la guer­ra y no se incluyeron en este análi­sis debido à la escasez de datos sobre estos aspec­tos con ante­ri­or­i­dad al siglo XIX. Pero los autores sí tienen en cuen­ta las sacu­d­i­das económi­cas mundi­ales y los cic­los económi­cos nor­males, así como la geografía, las insti­tu­ciones y la cul­tura de los país­es involu­cra­dos en con­flic­tos y, por con­sigu­iente, afir­man que reco­gen la dis­pari­dad entre recur­sos nat­u­rales y posi­ción económi­ca.

Los filó­so­fos, inclu­i­do uno de los fun­dadores de EE.UU., Thomas Paine, han man­tenido durante mucho tiem­po que la democ­ra­cia pro­mueve la paz, porque el ciu­dadano medio evi­ta el con­flic­to. En nom­bre de la paz, los diri­gentes esta­dounidens­es han pro­movi­do con pos­te­ri­or­i­dad la democ­ra­ti­zación. El ex pres­i­dente George W. Bush sos­tu­vo que difundir la democ­ra­cia traería la paz a Ori­ente Medio.

Sin embar­go, si estos resul­ta­dos son váli­dos, la democ­ra­ti­zación es una empre­sa arries­ga­da. Si no se implan­ta por com­ple­to, un gob­ier­no democráti­co podría ser más agre­si­vo que el rég­i­men que ha susti­tu­i­do. «La democ­ra­ti­zación lim­i­ta­da puede fomen­tar la guer­ra, así que hay que procu­rar implan­tar la democ­ra­cia al cien por cien», apun­ta Bali­ga. «Si te andas con medias tin­tas, puedes empe­o­rar las cosas.»

En la car­ta que Bali­ga dirigió al New York Times expresó que es impor­tante entablar nego­cia­ciones con Irán, pero evi­tan­do exac­er­bar la situación. «Un estu­dio detenido de la his­to­ria —escribió— rev­ela que las dictab­landas como Irán, que se encuen­tran a medio camino entre una democ­ra­cia ple­na y las dic­taduras fér­reas, pueden ser las más beli­cosas de todas.»

Featured Faculty

Sandeep Baliga

John L. and Helen Kellogg Professor; Professor of Managerial Economics & Decision Sciences

About the Writer

Amy Maxmen is a freelance science writer based in Brooklyn, NY.

About the Research

Baliga, Sandeep, David Lucca and Tomas Sjöström. 2011. Domestic Political Survival and International Conflict: Is Democracy Good for Peace? Review of Economic Studies, April, 78(2): 458-486.

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