Kellogg Insight - ¿Quiénes son los trabajadores que más sufren con la llegada de las nuevas tecnologías?
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Economics dic. 6, 2022

¿Quiénes son los trabajadores que más sufren con la llegada de las nuevas tecnologías?

No necesariamente los que usted piensa.

an accountant and a robot accountant wearing green visors work back-to-back at desks.

Michael Meier

Based on the research of

Leonid Kogan

Dimitris Papanikolaou

Lawrence Schmidt

Bryan Seegmiller

Para los trabajadores, los avances tecnológicos pueden ser un arma de doble filo. Por un lado, las nuevas tecnologías pueden aumentar su productividad. Por otro lado, algunas formas de automatización pueden dar lugar a que queden obsoletos.

Pero ¿qué trabajadores, en concreto, son los que más probabilidades tienen de perder su empleo o de ver reducidos sus ingresos con la llegada de nuevas tecnologías?

Bryan Seegmiller, profesor adjunto de Finanzas, y Dimitris Papanikolaou, profesor de Finanzas, ambos de la Kellogg School of Management, y sus colaboradores quisieron determinar los tipos de trabajadores que históricamente han estado en más riesgo de quedar obsoletospor culpa de la tecnología, y el efecto que su desestabilización profesional tuvo en sus ingresos. Con ese fin, los investigadores crearon un novedoso sistema de medir la exposición de los trabajadores a las tecnologías emergentes basado en la detección de similitudes entre las tareas propias de una serie de ocupaciones y las descripciones de nuevas patentes. Este método les permitió examinar el impacto de los grandes avances tecnológicos en los trabajadores de las ocupaciones laborales pertinentes a lo largo del tiempo.

Como cabía esperar, descubrieron que los trabajadores manuales habían sido los que más expuestos habían estado a los cambios provocados por las nuevas tecnologías, especialmente entre 1850 y 1970. Pero otras tendencias que observaron fueron más sorprendentes. En la década de 1970, los trabajadores que ejecutaban tareas "cognitivas" rutinarias, como los oficinistas, técnicos y programadores, también empezaron a estar mucho más expuestos a los efectos de la tecnología. Y, cuando aparecían nuevos inventos, los trabajadores mejor pagados de las profesiones perjudicadas (es decir, los más cualificados) eran los que menos aumentos salariales a partir de ese momento conseguían.

"Los trabajadores más cualificados son los que más tienen que perder", afirma Seegmiller. Suelen ser "los más perjudicados en cuanto a sus ingresos".

Ganadores y perdedores

En general, la tecnología mejora la productividad y los niveles de vida. Pero las pérdidas y ganancias no se distribuyen por igual. Cada avance puede ayudar a todo el mundo por término medio, "pero puede haber un subgrupo muy concreto de personas que se vean duramente machacadas por él", afirma Seegmiller.

Para determinar con mayor precisión el tipo de trabajadores que históricamente se han visto afectados por los avances tecnológicos, Seegmiller y Papanikolaou, junto con Leonid Kogan y Lawrence Schmidt, de la Sloan School of Management del MIT, idearon una nueva forma de medir el grado de exposición de las personas a la tecnología (es decir, su riesgo de verse desplazadas por nuevos inventos) y cómo ha cambiado a lo largo del tiempo.

Los investigadores extrajeron descripciones de las tareas que se llevan a cabo en más de 13 000 tipos de trabajos de la base de datos del Dictionary of Occupation Titles. A continuación, utilizando herramientas de procesamiento del lenguaje natural, crearon un algoritmo que les permitió comparar las descripciones de las tareas con el texto de patentes registradas entre 1840 y 2010, en particular las de los avances más revolucionarios. Basándose en similitudes textuales, el equipo pudo localizar las patentes que guardaban una estrecha relación con las labores propias de determinadas ocupaciones.

Por ejemplo, el algoritmo emparejó una patente del siglo XIX de una máquina de tejer con oficios tales como obrero textil y costurero, y la patente de un sistema de gestión de cuentas con gestores financieros, analistas de crédito, contables, auxiliares contables, etc.

Tener un título universitario no ayuda

A continuación, el equipo de investigadores examinó cuatro grandes categorías de empleos.

La primera fue la de los oficios manuales, como los electricistas y operadores de maquinaria. La segunda fue la de los trabajos de relaciones interpersonales que exigen perceptividad social o la capacidad de comprender a otras personas y comunicarse con ellas, por ejemplo, profesores y psicólogos. La tercera fue la de los trabajos cognitivos rutinarios consistentes en ejecutar tareas repetidas veces, normalmente con arreglo a una lista de instrucciones, como hacen, por ejemplo, los técnicos y oficinistas. Y la cuarta fue la de las ocupaciones cognitivas no rutinarias que exigen capacidades tales como pensar de manera creativa, analizar información o guiar a los miembros de un equipo, en la que caen los ingenieros, cirujanos y gerentes.

Como cabía esperar, los trabajos físicos manuales fueron los que más expuestos siempre han estado al cambio tecnológico. Pero las ocupaciones cognitivas no han sido inmunes al riesgo. Los trabajos cognitivos rutinarios, en particular, empezaron a estar mucho más expuestos a partir de la década de 1970, cuando comenzó a despegar la tecnología de la información.

Un ejemplo fueron los preparadores de pedidos, cuyas funciones abarcaban la recepción de los pedidos de los clientes por teléfono, la coordinación de los envíos y la comprobación de los detalles de los pedidos. A finales de la década de 1990, su exposición a la tecnología aumentó drásticamente. En esa época se registraron numerosas patentes de programas informáticos para ejecutar estas tareas, tales como un sistema informatizado de entrada de pedidos.

También ha aumentado en las últimas décadas la exposición de los trabajadores con título universitario. Ya a principios de los 2000 estaba casi al mismo nivel que la de los trabajadores sin título universitario. "Las tecnologías están incursionando en sectores en los que antes no lo habían hecho", afirma Seegmiller. Por ejemplo, la exposición de varias profesiones de ingeniería aumentó en la década de 1990 con la aparición de nuevos programas informáticos y otras tecnologías de la información que cambiaron las competencias necesarias e incluso automatizaron algunas de las tareas que realizaban estos profesionales".

Y esta mayor exposición presentaba un riesgo tangible para todas las categorías de trabajadores. Sobre la base de las encuestas realizadas por el Censo de los Estados Unidos entre 1910 y 2010, el equipo concluyó que los aumentos de la exposición a la tecnología estaban vinculados con la pérdida de oportunidades de empleo. Y los datos salariales recopilados a partir de la década de 1980 indicaban que una mayor exposición conducía a una disminución de los ingresos. Por ejemplo, los sueldos de los preparadores de pedidos cayeron un 20 % en relación con los de otras ocupaciones del mismo tipo entre 1997 y 2010, el período en el que se produjo el auge del comercio electrónico, que cambió radicalmente ese trabajo.

Competencias obsoletas

A continuación, el equipo profundizó en la investigación para determinar si existían diferencias en los daños sufridos por distintos tipos de trabajadores dentro de un determinado nivel de exposición profesional.

Por ejemplo, los investigadores compararon a trabajadores de 45 a 55 años con los de 25 a 35 de edad. En igualdad de condiciones en cuanto a exposición a la tecnología y tipo de trabajo, los sueldos de los trabajadores de más edad aumentaron a un ritmo 1,8 veces más lento durante un periodo de cinco años. Esto tal vez se deba, en parte, a que los trabajadores más jóvenes habían invertido menos tiempo en adquirir las competencias ya obsoletas y les quedaba más tiempo en el mercado laboral para adquirir otras nuevas.

Una vez más, los trabajadores con estudios universitarios no salieron mucho mejor parados que los que solo habían terminado la secundaria. En ambos casos, la pérdida de ingresos como consecuencia de los avances tecnológicos fue similar. "El mero hecho de tener un título universitario no aísla necesariamente", afirma Seegmiller.

Una de las constataciones más sorprendentes se produjo cuando el equipo analizó la situación de los trabajadores que habían alcanzado el nivel de ingresos máximo dentro de una profesión expuesta; por ejemplo, los oficinistas o los operadores de maquinaria que ganaban sueldos relativamente elevados en comparación con sus compañeros. El ritmo de aumento salarial de este tipo de empleado fue dos veces más lento que el del trabajador medio de la misma profesión con el mismo nivel de exposición a las nuevas tecnologías. "Las personas más cualificadas tienen mucho más margen de caída", afirma.

La tendencia era todavía más fuerte entre los trabajadores mejor pagados en ocupaciones que exigían un largo historial de experiencia especializada, como los fabricantes de herramientas, maquinistas y reparadores de equipos eléctricos. Para esos trabajadores, "la inversión para adquirir esas habilidades específicas había sido enorme", afirma.

Estas tendencias salariales hacían pensar que algo más complejo estaba ocurriendo, más allá de la automatización. En una situación de automatización, “surge una tecnología y un robot hace lo que antes hacías tú", afirma Seegmiller. Pero también puede darse un segundo tipo de desplazamiento: en lugar de sustituir directamente a los trabajadores, la tecnología puede cambiar la forma de hacer su trabajo y obligarlos a adquirir nuevas competencias.

Por ejemplo, un oficinista sumamente diestro en el uso de un sistema de gestión de documentos se podía ver obligado a aprender un nuevo programa informático, o un maquinista experimentado, a trabajar con una maquinaria que no conocía. Ciertas personas que habían invertido mucho tiempo y esfuerzo en aprender métodos ahora obsoletos corrían el riesgo de perder su trabajo o, si permanecían en él, de que sus sueldos disminuyeran o quedaran estancados.

"Si surge algo nuevo y eres muy experto en hacer las cosas a la vieja usanza, eso puede ser tan duro para ti como cuando llega un robot y reemplaza a los trabajadores de la cadena de montaje", afirma.

Aprendizaje de por vida

Pero los investigadores observaron un par de fenómenos positivos. Los empleos de la categoría interpersonal nunca estuvieron muy expuestos a los daños de los cambios tecnológicos. "Algo que la tecnología no puede hacer, que nunca ha sido capaz de reproducir, es la interacción entre los seres humanos", afirma Seegmiller.

Y a los trabajadores más intensamente especializados en esas competencias interpersonales les fue mucho mejor. Incluso cuando su exposición a la tecnología por fin aumentó, sus ingresos no disminuyeron tanto como los de los profesionales en otros tipos de ocupaciones.

La tecnología tampoco resultó ser una fuerza uniformemente negativa. El equipo realizó un análisis por separado para encontrar patentes en varios sectores industriales que no se solapasen con tareas laborales. La exposición de los trabajadores a estos avances de hecho estuvo vinculada con un aumento de sus ingresos, probablemente porque los inventos los habían ayudado a ser más productivos.

"No toda la tecnología es mala para los trabajadores —afirma Seegmiller—, pero sí perjudica a algunos en particular".

Entonces, ¿qué deben hacer los trabajadores para protegerse de las tecnologías del mañana?

Además de cultivar sus competencias interpersonales, "estar dispuestos a aprender y adaptarse continuamente es sumamente importante", afirma. Hay muchos cursos en línea gratuitos o muy económicos que pueden ayudar a los trabajadores a adquirir nuevas destrezas. Los responsables políticos también podrían crear programas para subvencionar la formación de los empleados que pronto pudieran verse desplazados.

Además, el riesgo que entrañan los futuros avances tecnológicos no debería necesariamente disuadir a nadie de dedicarse a una ocupación que se valora en la actualidad. Por ejemplo, un nuevo temor (que no se abordó en este estudio) es que la IA pueda algún día hacerse cargo de tareas tan complejas como el análisis de datos. Esto podría frenar el crecimiento salarial de los analistas de datos en el futuro, pero aun así seguirán percibiendo sueldos relativamente elevados en comparación con los de muchas otras profesiones más aisladas de la tecnología. Y, si les gusta su trabajo, la recompensa de disfrutar de un empleo satisfactorio bien podría compensar el riesgo que corren sus ingresos.

"Pensar que la inteligencia artificial terminará al mando de todo y que, por lo tanto, hay que evitar invertir en la adquisición de conocimientos técnicos y en lugar de eso hacerse, por ejemplo, panadero… eso es simplemente demasiado pesimista", afirma Seegmiller.

About the Writer

Roberta Kwok is a freelance science writer in Kirkland, Washington.

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