Careers fev 5, 2026
Tres señales de que ha llegado la hora de su próximo capítulo
Para que su carrera siga por buen camino, es mejor cambiar de empleo antes de tiempo que quedarse en él más de la cuenta.

Yifan Wu
Si alguna vez ha estado en una fiesta, conocerá ese incómodo dilema: ¿cuándo es el momento adecuado para irse? Si se va demasiado pronto, puede perderse momentos divertidos y oportunidades de hacer buenos contactos. Si se queda hasta el final, se arriesga a convertirse en un invitado molesto, a menudo sin darse cuenta.
El momento apropiado para retirarse de un empleo es igual de difícil de calcular y es mucho más trascendental. Irse prematuramente conlleva riesgos, lo mismo que quedarse más de la cuenta. En ese sentido, Sanjay Khosla —investigador superior y profesor adjunto de la Kellogg School of Management— sostiene que, en aras del crecimiento profesional, es preferible pecar por irse antes de tiempo.
«A menudo, las personas abandonan una empresa cuando ya es demasiado tarde», advierte el ex alto ejecutivo de Unilever y Kraft International, quien también es coach de ejecutivos certificado. Khosla sostiene que las personas deben tener presente la metáfora de la fiesta y comenzar a pensar en la salida cuando su tiempo en la empresa haya alcanzado el equivalente de las «doce menos cinco», como él acostumbra a decir, en vez de hacerlo a las «doce y cinco».
En otras palabras, reconocer cuándo una experiencia positiva ha llegado a su punto álgido y se acerca la hora en que empezarán a disminuir sus beneficios puede ser tan fundamental para su carrera como lo es para su vida social.
Khosla destaca tres señales de que su reloj marca las «doce menos cinco» en su empresa actual. Este es el momento adecuado para organizar una salida digna en lugar de prolongar su estadía y comprometer sus perspectivas de carrera.
1. Cuando su crecimiento se detiene
Una señal de que se está haciendo tarde es si sospecha que su desarrollo profesional en la empresa se ha estancado.
Khosla cuenta la historia de una directiva de alto rango en una reconocida multinacional.
Kate (nombre ficticio) llevaba más de 20 años trabajando en la empresa, ascendiendo de forma continua. Pensaba que se jubilaría en ella.
Pero Kate empezó a sentir que su trayectoria profesional en la organización se había estancado. También le preocupaba que algunos de sus pares la estuvieran dejando atrás; dos de ellos fueron invitados a una conferencia para la directiva ampliada… ella no.
«Notó que no la estaban valorando y que la veían simplemente como alguien que rendía bien, no como una estrella», dice Khosla.
Kate le contó a Khosla sus preocupaciones y él la instó a que comenzara a explorar posibilidades fuera de la empresa. Le comentó: «No necesariamente tienes que aceptar otro trabajo. Pero si no te abres a otras opciones, nunca lo sabrás».
Para explorar oportunidades alternativas, Khosla sugiere apoyarse en una red de contactos de confianza, lo que él denomina su «círculo de influencia». Dicho círculo debe incluir a colegas y gerentes, tanto de dentro de su empresa como de fuera.
Por último, Kate obtuvo lo que Khosla describe como un «puesto de mayor envergadura» fuera de su empresa. El nuevo cargo le planteó retos que el anterior ya no podía ofrecerle y la impulsó a seguir creciendo, tanto en lo personal como en lo profesional.
«Hay un vasto mundo por descubrir ahí afuera», comenta Khosla. La mayoría de las personas están tan inmersas en su realidad actual que esa es la única realidad que conocen. El cambio les parece complicado e incierto.
2. Cuando el problema es un mal jefe
Numerosas personas dejan su empresa porque tienen un jefe terrible. De lo contrario, podrían estar muy contentas con su trabajo en la organización, pero una supervisión deficiente hace que el reloj de su carrera marque las «doce menos cinco» antes de lo que esperaban.
Khosla pone el ejemplo de un empleado con talento, ambicioso y de alto rendimiento al que llama John. El ascenso de John en su compañía había sido meteórico: admiraba la cultura organizacional y respetaba sus valores.
«El problema era su jefe, que era sencillamente tóxico», dice Khosla.
John se indignaba ante lo que percibía como exigencias irrazonables y microgestión por parte de su jefe. En algunas ocasiones, su jefe le pedía algo un viernes para entregarlo el domingo por la noche y luego ni siquiera se molestaba en mirarlo.
Además, su jefe se adjudicaba el mérito de su trabajo. John preparaba una presentación y su jefe la exponía como si fuera suya y aceptaba los elogios sin mencionar su participación.
John intentó cambiar de departamento dentro de la empresa acudiendo a recursos humanos. Pero la respuesta no fue alentadora.
«Estaba bastante estresado», recuerda Khosla.
Khosla recordó a John la importancia de reconocer cuándo habían llegado las «doce menos cinco». John consiguió un trabajo excelente en otra empresa. Por muy difícil que sea, abandonar una organización donde se está a gusto para alejarse de un mal líder es un paso que vale la pena dar para avanzar en su trayectoria profesional.
«Irse nunca es fácil —dice—. ¡Pero la vida es demasiado corta para permanecer atado a un mal jefe durante mucho tiempo!»
3. Cuando la comodidad es su mayor riesgo
En ocasiones, una tarea que en sus inicios era gratificante y estimulante desde el punto de vista intelectual puede convertirse en una actividad rutinaria una vez que se ha dominado. Según Khosla, sentirse «demasiado cómodo» en su puesto es un buen indicio también de que son las «doce menos cinco».
Para progresar en su carrera y evitar la sensación de estar realizando un trabajo improductivo, es importante reconocer cuándo llega el momento de salir de su zona de confort.
Un ejemplo es el de Emily (nombre ficticio). Con un excelente puesto en un cargo directivo en una gran multinacional, gestionaba una marca importante a escala mundial y desempeñaba su labor con notable éxito. También se sentía sumamente cómoda en su trabajo.
«De hecho, demasiado cómoda —dice Khosla—. El factor reto había desaparecido».
Emily le dijo a Khosla que echaba de menos la emoción y la aventura en su trayectoria profesional.
«Siento que estoy en una cinta de correr que no me lleva a ningún lado —recuerda que le dijo—. Puedo hacer mi trabajo incluso dormida».
Emily le preguntó a Khosla si debía quedarse en su puesto actual y apostar por lo seguro, o si su etapa en la empresa había llegado a ese punto de inflexión de las «doce menos cinco». Para Khosla, estaba claro hacia dónde apuntaban las manecillas del reloj.
Le ofrecieron un puesto en una compañía más pequeña del sector tecnológico. A pesar de que la empresa no disponía de los sistemas de apoyo ni de la burocracia de la gran multinacional en la que trabajaba, lejos de desanimarla, esto la entusiasmó. Optó por aceptar el nuevo trabajo y, según Khosla, está disfrutando mucho de su decisión.
«El salto era arriesgado —explica Khosla—. Su nuevo puesto le exige realizar un montón de tareas por sí misma. Hay menos estructura y más ambigüedad. Ahora trabaja más horas, pero su trabajo vuelve a tener sentido».
En el caso de Emily, como en otros, Khosla recomienda ampliar su «círculo de influencia» manteniendo conversaciones específicas con determinados cazatalentos.
Sin embargo, Khosla añade una advertencia al respecto: siempre se ha de contactar con estos reclutadores a través de un contacto, no mediante un correo electrónico de un desconocido. De hecho, el siguiente capítulo de la vida profesional de Emily le llegó a través de un contacto de una amiga suya.
«Usted simplemente señala su interés a quienes lo rodean —dice Khosla—. Y está en una posición de fuerza porque no tiene ningún apuro por irse».
Tanto si la salida se percibe como urgente como si puede posponerse, lo importante es evaluar sus opciones con anticipación.
«No espere a que una crisis lo obligue a dar el paso —dice Khosla—. Trate de asumir el control de su carrera y de su propio rumbo en la medida de lo posible, lo antes posible».
Marc Hogan is a writer based in West Des Moines, Iowa.



