Operations nov 2, 2025
Sin duda, la IA puede automatizar… pero, ¿cómo emplearla para innovar?
La experiencia de un profesor de la Kellogg School of Management que incorporó la inteligencia artificial en su práctica docente muestra cómo el conocimiento del campo y la experimentación pueden conducir a verdaderos avances.

Michael Meier
Cuando Sébastien Martin utilizó ChatGPT para crear un asistente de enseñanza impulsado por IA para su curso de gestión de operaciones, las críticas iniciales fueron positivas. Los estudiantes usaban el chatbot, llamado «Kai», para repasar lecciones y diapositivas, crear cuestionarios de práctica y someterse a evaluaciones antes de las clases.
Pero pronto Martín empezó a preguntarse si no estaba siendo demasiado cauteloso a la hora de explotar plenamente el potencial de la inteligencia artificial para revolucionar la educación. Le agradaba poder automatizar las tareas más simples y rutinarias de sus asistentes de enseñanza («la IA nunca se cansa», dice), pero eso no constituía una verdadera innovación.
«Aquí es donde más malentendidos hay en torno a la IA», opina Martin, profesor asociado de operaciones de la Kellogg. «A menudo, el primer instinto de la gente es utilizar la IA para automatizar algo que ya se estaba haciendo. Puede que esto no parezca una trampa, pero creo que sí lo es».
Martin observa una tendencia generalizada en la forma en que la mayoría de los usuarios de la IA adoptan esta tecnología, pasando del miedo inicial al uso tentativo para llevar a cabo tareas rutinarias. Pero es en los dos pasos siguientes —la colaboración y la innovación— donde realmente se pone de manifiesto el potencial transformador de la IA.
Desde aquellas pruebas iniciales con Kai, Martin ha creado nuevas herramientas de IA que facilitan la colaboración con los asistentes de enseñanza humanos, personalizan las tareas y potencian un nuevo tipo de estudio de casos interactivo, uno de los cuales fue destacado recientemente en The Wall Street Journal.
Más allá del aula, la experiencia de Martin ofrece lecciones para los dirigentes empresariales que actualmente se preguntan cómo incorporar la IA en sus operaciones.
«Es algo fundamentalmente nuevo —afirma Martin—. El asombroso poder de esta herramienta puede utilizarse para lograr cosas completamente nuevas que antes no podíamos hacer, y estas cosas tienen un valor increíble. Nunca ha sido tan fácil innovar, crear verdaderas innovaciones revolucionarias, incluso en empresas que llevan décadas en el mercado».
Promover la colaboración de abajo hacia arriba con la IA
En el mundo empresarial, hay un gran número de firmas consultoras y lo que Martin denomina «gurús de LinkedIn» que ofrecen detalladas teorías sobre el futuro de la IA y prometen implementar una estrategia de IA en su empresa.
En lugar de ello, Martin sugiere pensar en la IA como una fuente de oportunidades para su negocio. ¿Y quién conoce su empresa mejor que usted y sus empleados? En el incierto entorno actual, señala, «no existe ningún plan específico que se pueda garantizar que funcione», así que es mejor elaborarlo uno mismo.
Permitir que equipos específicos creen sus propias aplicaciones implica confiar en que notarán dónde la inteligencia artificial falla y dónde sería más apropiado el toque humano.
«Los empleados de su empresa son, por definición, los expertos en lo que hacen. Saben lo que está bien y lo que está mal», afirma Martin.
En su clase, Martin se dio cuenta de que ciertas preguntas de los estudiantes precisaban más ayuda de la que el asistente de enseñanza impulsado por IA podía brindarles. Por ejemplo, un alumno que no iba a poder asistir a una clase debido a una boda quería saber no solo el material que se cubriría, sino también las tareas adicionales que debería realizar para compensar su ausencia. Martin rediseñó a Kai para que remitiera estas consultas más complejas a sus asistentes humanos o a él mismo, lo que dio lugar a un aumento en la cantidad de correos electrónicos que su equipo tenía que responder, pero también propició interacciones de mayor calidad con sus alumnos.
Según Martin, «maximizar la interacción entre Kai y mis asistentes de enseñanza es lo que ha dado buenos resultados. Es muy difícil determinar con precisión lo que se quiere delegar a la IA y lo que se quiere manejar con seres humanos. Es algo profundamente personal. Es específico del problema y del instructor, y exige un conocimiento mucho más profundo del campo. No se trata solo de enchufar y echar a andar la herramienta, sino de encontrarle el nicho más adecuado».
Martin también descubrió que la colaboración entre humanos e inteligencia artificial es eficaz para mitigar las preocupaciones habituales sobre la integración de la tecnología en el ámbito educativo. Muchos docentes temen que los estudiantes recurran a los grandes modelos lingüísticos para que les proporcionen respuestas a sus tareas, en lugar de hacer el trabajo ellos mismos. Por su parte, los estudiantes se quejan de que sus profesores utilizan la tecnología para evaluarlos. Martin abordó la cuestión desde otra perspectiva: ¿y si las competencias conversacionales de estos modelos pudieran utilizarse para demostrar el conocimiento de los estudiantes sobre el material?
En lugar de pedir a sus estudiantes de operaciones que respondieran una lista de preguntas de examen, Martin los desafió a «enseñar» a Kai, al que instruyó para que representara el papel de un estudiante de máster en gestión empresarial de primer año. El estudiante humano explica un concepto, como la gestión de la cadena de suministro, al modelo impulsado por IA, el cual responde periódicamente formulando preguntas sobre el tema. Posteriormente, el estudiante envía el registro de esa conversación al asistente de enseñanza humano, que lo califica en función de la precisión y de la seriedad con la que el alumno se tomó el ejercicio.
Según Martin, los estudiantes han acogido con entusiasmo la nueva tarea, que además tiene la ventaja adicional de que es a prueba de trampas. Este proceso muestra cómo darle un giro a un temor común relacionado con la IA —en este caso, que sea una «máquina mágica de hacer tareas»— puede reportar beneficios.
Para las empresas que estén comenzando a avanzar más allá de la fase de experimentación cautelosa con la IA, Martin sugiere dotar a los empleados de los recursos y el espacio necesarios para jugar con la inteligencia artificial, familiarizarse con ella y determinar por sí mismos dónde encaja mejor en sus operaciones y dónde puede utilizarse para pasar de la automatización a la innovación.
«El mundo ha cambiado con la IA —afirma—. Ahora hay oro escondido por todas partes. Es una situación singular en la que cualquier empleado en cualquier lugar puede descubrir algo asombroso en cuestión de semanas».
Descubra lo verdaderamente innovador
La capacidad de la inteligencia artificial para representar distintos papeles y adoptar distintas personalidades basadas en los datos e instrucciones que se le proporcionan durante su adiestramiento estimuló a Martin a atreverse a reinventar el trabajo que sus alumnos realizarían en clase. El estudio de caso es una tradición arraigada en la formación empresarial: un largo documento lleno de información real —entrevistas, datos, documentos de apoyo— sobre una empresa u organización que se enfrenta a un reto. Lo normal es pedir a los estudiantes que lean el informe y contesten preguntas sobre las lecciones más importantes del estudio.
Martin se preguntó si no se podría aprovechar la capacidad de la IA para cambiar de personalidad con el objetivo de enriquecer esa experiencia. En lugar de limitarlos a leer el estudio de caso para luego repetir mecánicamente sus conclusiones, los alumnos llevarían a cabo su propio estudio de caso virtual.
Para poner a prueba este concepto, Martin, junto con la profesora Daniela Hurtado-Lange y la ayuda de la IA, elaboró un estudio de caso sobre un distrito escolar que se enfrenta a una crisis de transporte. El caso ofrece un elenco virtual de partes interesadas que los estudiantes pueden entrevistar, cada una con sus propias perspectivas y puntos ciegos basados en datos reales de entrevistas.
Por ejemplo, los estudiantes pueden hablar con el superintendente, que es el principal responsable de la toma de decisiones y está particularmente al tanto del panorama político. O pueden hablar con un conductor de autobús veterano, que tiene experiencia de primera mano y sabe con certeza lo que pasa en las rutas de autobús.
Además, la IA es capaz de facilitar datos y documentación directamente a los estudiantes. Por ejemplo, el director de operaciones del distrito escolar puede proporcionarles un simulador de transporte y darles las instrucciones para utilizarlo.
«Es mucho más enriquecedor que un caso común en el sentido de que es interactivo, con diversos personajes que ofrecen diferentes puntos de vista. Se puede hacer cualquier pregunta de seguimiento que se desee, lo que agrega otra capa más de profundidad. Además, hay interlocutores de fiabilidad cuestionable, lo que genera incertidumbre sobre si se puede confiar en todos —afirma Martin—. Se puede hacer prácticamente lo mismo que con un estudio de caso tradicional, pero también se puede ir mucho más allá».
Mientras que en el estudio de caso tradicional las conclusiones y recomendaciones las entregan los expertos que lo redactaron, en la versión impulsada por IA los estudiantes tienen que reconstruir el rompecabezas por sí mismos y llegar a sus propias conclusiones.
«Esto es algo que no se podía hacer antes —dice Martin—. Es un proceso abierto, creativo y que se asemeja mucho más a una situación del mundo real».
Martin fue capaz de poner en práctica esta innovadora idea en un fin de semana de trabajo (tras meses de reflexión). Pero, incluso para un principiante, descubrir cómo lograr que la inteligencia artificial haga algo útil es sorprendentemente sencillo. Según su experiencia, la exposición gradual a los modelos de lenguaje a gran escala (LLM) puede ayudar a que las personas se familiaricen con las herramientas y sus capacidades.
«Cualquiera —incluso sin formación técnica— puede, con solo hablar con ChatGPT con asiduidad, notar una enorme diferencia en su comprensión de esta máquina y de cómo funciona», afirma Martin.
Para las empresas, invertir tiempo en formar a los empleados los ayudará a superar su miedo a la tecnología y, lo que es aún más importante, a empezar a sentir que la dominan. Esto puede contribuir a que se entusiasmen con sus posibilidades.
«Una vez que las personas aprenden un poco sobre IA, se vuelven curiosas; eso es algo muy natural en los seres humanos —dice Martin—. Si se les muestra cómo hacer algo, se dan cuenta de que en realidad no es tan complicado y entonces conciben un montón de ideas geniales. Encuentran valor en lo que hacen, así que les entusiasma mejorar».
En última instancia, dice, la IA presenta una oportunidad extraordinaria para que las empresas potencien su creatividad y hallen novedosas soluciones, siempre y cuando se familiaricen con la tecnología, se aseguren de que sus aplicaciones surjan de la base y se mantengan ágiles. Las empresas deberían enfocarse en la IA no tanto por su potencial para facilitar la reducción de personal, sino por su capacidad para fomentar la innovación y obtener una ventaja competitiva.
«Poner esta herramienta en manos del personal de su empresa y eliminar estos obstáculos le permitirá, en el futuro, reaccionar más rápido —dice Martin—. Entonces, si surge una nueva versión de la inteligencia artificial y todos están alarmados, ahora su empresa se distingue porque sus empleados no solo no la temen, sino que ya han experimentado un poco con ella y conocen sus fortalezas y debilidades».
Anna Louie Sussman is a writer based in New York. Rob Mitchum is editor-in-chief of Kellogg Insight.



