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Cuando se trata de creatividad, la IA no siempre tiene la respuesta
Innovation ene. 1, 2026

Cuando se trata de creatividad, la IA no siempre tiene la respuesta

Un experimento en clase demuestra por qué no debemos prescindir de la tormenta de ideas.

Jesús Escudero

Based on insights from

Brian Uzzi

Cuando el profesor Brian Uzzi, de la Kellogg School of Management, quiso desafiar la forma de pensar de sus alumnos sobre la inteligencia artificial, empezó por someterlos a una sencilla prueba llamada Test de Aptitudes Diferenciales (DAT), que evalúa la creatividad general. Los participantes dispusieron de cuatro minutos para hacer una lista de diez palabras lo más distintas posible entre sí. A continuación, pidieron a un chatbot que hiciera lo mismo.

La prueba es difícil. Cada palabra nueva que se añade a la lista puede estar, simultáneamente, muy lejos de una, pero demasiado cerca de otra de las anteriores. La mayoría de los estudiantes esperaban que la máquina los superara en la prueba. Pero ocurrió algo curioso: no fue así. La puntuación media de la clase coincidió con la del bot casi exactamente. Y algunos alumnos inventaron listas de palabras mucho más originales que las del chatbot.

Como el DAT se administra de manera generalizada, Uzzi disponía de una muestra de miles de resultados de pruebas humanas y cientos de miles de resultados de bots para analizar junto con su clase. Descubrió que los bots, aunque potencialmente tienen acceso a decenas de miles de palabras, tienden a llenar sus listas de diez palabras a partir de un reducido corpus de unas 850.

«El lenguaje humano tiene alrededor de 50 000 palabras y de ahí que las distintas perspectivas humanas puedan ser tan impactantes —afirma Uzzi—. La máquina solo reproduce los grandes éxitos, por así decirlo, una y otra vez, y se olvida de esas joyas».

Con este sencillo experimento, Uzzi mostró a los estudiantes cómo la IA tiende a producir ideas comunes, mientras que las personas pueden concebir ideas más inesperadas. El mismo principio se aplica al trabajo creativo en las empresas, afirma Uzzi. Cuando la gente recurre a la IA para obtener respuestas rápidas, la falta de creatividad del bot puede restringir su propio pensamiento.

Para Uzzi, esto no es un argumento contra el uso de la IA. Más bien es un recordatorio de que existen maneras más valiosas de aprovechar la tecnología que permitirle realizar la tormenta de ideas por nosotros.

«Para sacar el máximo partido de un bot, no le pida respuestas —dice el profesor—. Pregúntele cómo enfocar un problema. Queremos consejos sobre cómo pensar, no qué pensar».

Uzzi ofrece consejos sobre cómo colaborar con la inteligencia artificial en tareas creativas, en lugar de delegárselas.

El modo en que la IA embota la creatividad

Al realizar el experimento con su clase, Uzzi observó otro persistente hábito entre los alumnos: incluso cuando sabían que el bot no era más creativo que ellos, algunos seguían prefiriendo sus respuestas. La razón era sencilla: la velocidad.

«Se dejan seducir por la eficacia —dice Uzzi—. Alguien en clase dirá: “La puntuación del bot no será mejor que la mía, pero el resultado lo consigo en diez segundos en lugar de varios minutos”. Les compensa».

Esa lógica, advierte, puede ser una trampa: la velocidad con la que se obtienen las respuestas puede inhibir gradualmente el pensamiento creativo. Uzzi afirma que una vez que la IA proporciona una respuesta, la gente tiende a aceptarla simplemente, aunque no sea muy creativa. En el experimento, los alumnos tardaron unos cuatro minutos en realizar la tarea de generar por sí mismos la lista de palabras dispares. Pero cuando se les daba la oportunidad de utilizar el bot para luego editar la lista de palabras, la mayoría se detenía al cabo de un minuto y apenas hacían unos pocos cambios.

«Se quedan anclados en lo que les da el bot —dice—, el cual les proporciona respuestas mediocres y genéricas, muy poco distintas de las que da a los demás. Cuando se combinan esos dos tipos de respuestas, los innovadores sin querer pasan por alto la oportunidad de añadir sus propias experiencias y conocimientos a la mezcla de ideas originales con el bot, que es la clave para lograr una creatividad más enriquecedora, tanto del ser humano como del bot».

Reduzca la velocidad para obtener ideas más amplias, incluso de la IA

Uzzi señaló que al subordinar su criterio al de la tecnología, los alumnos cambian su meta. En lugar del descubrimiento, lo que persiguen es la eficiencia. ¿Y en una tormenta de ideas, no se trata de ser creativo y original, en lugar de los primeros en terminar?

«La velocidad es importante —dice Uzzi a sus alumnos—, pero, en última instancia, lo que más importa es la diferenciación, porque, si somos rápidos, pero los demás pueden copiarnos con igual rapidez, cualquier ventaja que se consiga, se pierde».

La verdadera creatividad, agrega, depende del proceso mediante el cual las personas generan y desarrollan ideas, no de la rapidez con la que alcancen el objetivo. Y ese proceso empieza no con la obtención de las mejores respuestas, sino con el planteamiento de las preguntas correctas.

El experimento de Uzzi demostró que el mejor resultado se consigue no pidiéndole al bot una respuesta («dame 10 palabras lo más diferentes posible»), sino preguntándole cómo enfocar la tarea.

Preguntando de esa manera, dice, la IA puede esbozar un proceso —una heurística— que conducirá a una gama más amplia de palabras. El enfoque heurístico del bot consiste en llevar a cabo la prueba DAT en dos fases. El bot sugiere comenzar con diez categorías amplias de palabras, como ciencia, negocios o arte. Después de elegir las diez categorías, sugiere escoger una palabra dentro de cada una de ellas. Con este método, no se produce el anclaje que ocurre cuando los humanos siguen al bot y se reduce su propensión al bloqueo mental. Porque al pensar en una palabra, como «gato», la mente del participante inmediatamente tiende a asociarla con otras palabras relacionadas, como «perro» o «león», lo que inhibe su capacidad creativa. Con el método de las dos fases, la puntuación de creatividad de la persona «se dispara», dice Uzzi.

Crear alianzas con la IA

Al constatar que la IA es más efectiva en los procesos que en los productos, Uzzi diseñó un marco para identificar y aprovechar las distintas funciones que la tecnología puede desempeñar, ya sea en tareas de automatización, generación de respuestas o creación de alianzas.

La «automatización» se refiere a utilizar la IA para copiar un proceso que ya ejecutan los humanos: por ejemplo, generar un gran número de respuestas de correo electrónico sencillas. Las «respuestas» suponen el uso de la IA para localizar una respuesta específica que ya existe, de forma similar a como funcionaban las búsquedas en internet en el pasado. Por último, las «alianzas» implican colaborar con la IA en ámbitos que dependen de la creatividad humana, como el experimento de las «diez palabras» de Uzzi con sus alumnos.

«Es una pirámide —dice Uzzi—. La base es la automatización, que incluye la mayoría de las aplicaciones relacionadas con la ampliación y la eficiencia. A medida que se asciende en la pirámide, se obtienen menos aplicaciones, pero es probable que las que se consigan tengan un mayor impacto. En este segmento es donde tiene lugar la búsqueda de nuevas soluciones y la adaptación a los cambios del entorno».

En la cúspide de la pirámide están los tipos de trabajo que dependen de la creatividad y la imaginación, como la estrategia y la innovación. «La cúspide de la pirámide es lo más importante».

Este planteamiento puede ayudar a las organizaciones a reflexionar sobre la manera de aplicar la IA para tomar decisiones empresariales. Un director, por ejemplo, podría preguntar a la IA cómo pensar en dónde abrir una nueva fábrica. El sistema delinearía los factores clave a tener en cuenta, y el director podría entonces añadir sus propios conocimientos antes de pedirle retroalimentación al bot.

Uzzi se refiere a este tipo de intercambios como «el mejor tipo de trabajo colaborativo con la IA».

Recuerde el poder creativo de los equipos

Con el fin de demostrar el poder de la colaboración humana, Uzzi solicitó a sus estudiantes que repitieran la misma prueba de creatividad, haciendo una lista de diez palabras tan distintas como fuera posible entre ellas, pero esta vez en equipos, sin utilizar inteligencia artificial. En promedio, sus puntuaciones superaron tanto a sus propias puntuaciones individuales como las obtenidas por los bots de manera individual. Pero al incorporar al bot como «miembro del equipo», sus puntuaciones de creatividad disminuyeron de nuevo cuando dependieron del bot para saber qué pensar en lugar de cómo abordar un problema. Los equipos de alumnos que preguntaron a un bot cómo pensar obtuvieron mejores resultados en la prueba de creatividad que tanto los alumnos como los bots a nivel individual.

Las conclusiones de Uzzi señalan una sencilla verdad: la creatividad sigue siendo una actividad fundamentalmente humana. Depende de redes de personas que cuestionan y desarrollan las ideas de los demás. La IA puede ayudar en ese proceso, pero no puede sustituirlo. Los equipos más eficaces, sugiere Uzzi, utilizarán la IA para ampliar su forma de pensar, no como un atajo.

«La creatividad es una actividad muy humana —dice Uzzi—. Surge principalmente por medio de la colaboración. Todos nos apoyamos en los hombros de otras personas. Si solo es usted y el bot, o si depende del bot para las respuestas, obtendrá una respuesta rápidamente, pero los demás pueden obtener la misma respuesta con igual rapidez. Si quiere una ventaja competitiva que se base en lo que lo hace especial, no le pregunte a un bot qué pensar, pregúntele cómo pensar».

Featured Faculty

Richard L. Thomas Professor of Leadership and Organizational Change; Co-Director, Northwestern Institute on Complex Systems (NICO); Co-Director, Ryan Institute on Complexity; Professor of Industrial Engineering and Management Sciences, McCormick School (Courtesy); Professor of Sociology, Weinberg

About the Writer

Seb Murray is a writer based in London.

About the Research

Uzzi's classroom experiment references Wang, D., et al. (2025). “A preliminary, large-scale evaluation of the collaborative potential of human and machine creativity.” Nature Human Behavior. Forthcoming December 2025.

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