El huracán Katrina fue una de las catástrofes naturales más mortíferas y onerosas de la historia de EE.UU.  Una vez acabadas las inundaciones y asentados los escombros, la única explicación que se le ocurría a mucha gente era que Katrina había sido una manifestación de la “voluntad de Dios". Sin embargo, no todo el mundo recurrió a Dios para explicar la devastación. Entonces, ¿por qué es que algunos se apoyan en la religión para explicar los sucesos catastróficos y otros no?

No cabe duda de que identificarse con una religión (y los indicadores demográficos que pronostican dicha identificación, tales como la pertenencia a una minoría racial o étnica, o un bajo nivel de educación) puede ser un factor importante. Pero Nicole Stephens, profesora adjunta de administración y organizaciones en la Kellogg School of Management, sospechaba que no era el único.

Recientes estudios de laboratorio indican que con frecuencia los sentimientos de incertidumbre e impotencia mueven a los participantes a buscar una explicación, dondequiera que sea. Huelga decir que las catástrofes de la categoría del Katrina típicamente producen esa clase de sentimientos en sus víctimas. Stephens llegó a la conclusión de que, cuanto más devastación sufre una persona, más angustiada e impotente se siente y más propensa se muestra a invocar a Dios para librarse de esos sentimientos. Concretamente, Stephens formuló la hipótesis de que, cuanto mayores fueran las adversidades experimentadas por los supervivientes del huracán Katrina (definidas como "experiencias imprevisibles, incontrolables y perturbadoras"), más propensos se mostrarían a "atribuirle un significado religioso".

Estudio 1: Los supervivientes del Katrina
Stephens y sus colaboradoras, Stephanie Fryberg de la Universidad de Arizona y Hazel Markus y MarYam Hamedani de la Universidad de Stanford, hicieron dos preguntas de interpretación abierta a 75 sobrevivientes del Katrina: qué le sucedió a usted antes y después del huracán, y por qué cree que sucedió el huracán. Asimismo, recopilaron la información demográfica de los sobrevivientes y les hicieron calificar ellos mismos su nivel de religiosidad.

La mayor parte de las adversidades citadas por los sobrevivientes cayeron en una de cuatro categorías: ver morir gente, ver cadáveres, perder las pertenencias y atravesar dificultades graves y persistentes durante más de un mes. Las investigadoras también clasificaron las reacciones psicológicas subjetivas suscitadas por las dificultades en tres categorías: miedo, ira y angustia.

Cuando se les pidió que explicaran la razón por la cual había tenido lugar el huracán Katrina, más de un tercio de los supervivientes (el 35%) lo atribuyó a la voluntad de Dios (p. ej.: "Fue única y exclusivamente obra de Dios. Pienso que fue Su manera de poner freno a ciertas cosas."). Tal como cabía esperar por los resultados de investigaciones anteriores, los participantes de raza negra registraron niveles más bajos de logro académico, manifestaron tener niveles más altos de religiosidad (según sus propias valoraciones) y resultaron más propensos a recurrir a Dios para explicar el huracán.

Pero aun haciendo ajustes en función de estos factores demográficos, el indicador de la frecuencia con la que los supervivientes recurrían a Dios para explicar el huracán resultó ser el grado de adversidad experimentado. Dice Stephens: "Básicamente, constatamos que los datos demográficos por sí solos no bastan para explicar la atribución de significado religioso. No es así de sencillo. Resulta que las experiencias vividas también son sumamente importantes a la hora de interpretar dichas experiencias en función o no de Dios." Curiosamente, sin embargo, la reacción psicológica subjetiva de los supervivientes (su versión de cómo hicieron frente a las adversidades) no resultó ser un indicador válido para pronosticar la atribución de significado religioso.

Estudio 2: Una perspectiva transcultural
En 2010, un terremoto de 8,8 de magnitud en la escala de Richter sacudió Chile. Stephens y sus colegas se preguntaron si los resultados del estudio de los supervivientes del Katrina no se podrían hacer extensivos a los del terremoto chileno: ¿acaso el grado de dificultades experimentado por los supervivientes, más aún que sus respuestas subjetivas a las dificultades, sería lo que determinaría si recurrirían a Dios para explicar la catástrofe?

Había motivos para pensar que no sería así. A diferencia de los sobrevivientes del Katrina, en su mayoría productos de una cultura que fomenta el individualismo, el libre albedrío y la autonomía, los sobrevivientes del terremoto chileno eran fruto de una cultura que ensalza el colectivismo, la solidaridad familiar y la armonía en las relaciones interpersonales. Las dos naciones también son distintas en cuanto a su composición racial y su tradición religiosa. Pero según Stephens, eso precisamente hacía de Chile la piedra de toque ideal para confirmar el carácter universal de las experiencias de los sobrevivientes del hurac&aaacute;n Katrina. "Buscamos un contexto [cultural] muy distinto y si se pueden replicar los resultados de la investigación en ese contexto, entonces estamos más seguros de tener razón acerca de cómo funcionan las personas, en lugar de tener razón acerca de (cómo funcionan en) un contexto particular", dice Stephens.

A pesar de la diferencia entre los dos pueblos, las entrevistas de 96 supervivientes del terremoto chileno rindieron la misma pauta general de resultados: más de un tercio de los participantes describieron el terremoto como una manifestación de Dios y, lo que es importante, el sufrimiento en grado extremo (pero no las respuestas psicológicas subjetivas) fue el indicador de la frecuencia con la que los entrevistados atribuirían el suceso a Dios, al margen de cualquier efecto derivado de la demografía o la religiosidad.

Una comprensión más profunda
Stephens investiga con frecuencia la influencia que ejercen las vivencias de las personas de distinta clase social en su manera de interpretar la vida. Este estudio (derivado de otro más amplio sobre los efectos de la clase social de los supervivientes del Katrina en su manera de interpretar la vida, antes, durante y después del huracán) surgió de las interesantes observaciones que Stephens había realizado en relación con las explicaciones de los supervivientes acerca de las calamidades que habían padecido.

"La tendencia en EE.UU. es decir que si las personas hacen esto o lo otro es porque tienen ciertos atributos o características," dice Stephens, refiriéndose a nuestro hábito de categorizar a las personas por su nivel de educación o grado de religiosidad. “Pero tendemos a infravalorar el entorno o la situación en que se encuentran esas personas y el efecto que estas situaciones ejercen en su comportamiento." Dicho de otro modo, tendemos a descartar la influencia que ejerce el cúmulo de experiencias que la persona ha tenido que soportar.

"Pienso que lo que indica este estudio es que los tipos de experiencia por las que atraviesan las personas en la vida determinan la utilidad que pueden tener para ellas las explicaciones de índole religiosa", afirma Stephens. "Así que, si uno experimenta muy poco control y gran cantidad de caos en su vida, es más probable que intente explicarla en función de Dios que si disfruta de mucho control y certidumbre." Dado que en EE.UU. las personas de condición social baja suelen enfrentarse más a menudo con la incertidumbre y las dificultades en la vida cotidiana, este estudio ofrece una explicación convincente de la razón por la cual los grupos de baja condición social también tienden a ser más religiosos.