Es difícil pasar mucho tiempo sin oír música. A veces la usamos para despertarnos por la mañana y amenizar el viaje al trabajo. Nos da la bienvenida en cafeterías, tiendas, bares y gimnasios. Con ella aprendemos el alfabeto y nos insta a enamorarnos o a desenamorarnos. Y sin embargo, a pesar de la importancia fundamental que tiene en la vida de tantas personas de todo el mundo, todavía nos queda bastante por aprender sobre el efecto transformador que produce en la psiquis.

En un reciente artículo, un equipo de investigadores examinó uno de los posibles efectos de la música: el empoderamiento psicológico. La pregunta que plantearon fue sencilla, pero interesante: escuchar cierto tipo de música, aunque sea de fondo, ¿acaso nos hace sentir más poderosos y capaces de dominar la situación?

Sin duda muchos atletas tienen fe en el poder de la música. "En todos los deportes hay ritos", afirma Derek Rucker, profesor de mercaodotecnia de la Kellogg School of Management. "Un rito que hemos observado es que con frecuencia los atletas tienen los auriculares puestos cuando llegan al estadio. Y que la música truena a todo volumen cuando prorrumpen de los vestuarios. Es como si la música les ofreciese una armadura psicológica de cara a la inminente contienda". Dennis Hsu, profesor de la Universidad de Hong Kong, que hizo su doctorado en Kellogg, agrega: "La muchedumbre de los estadios se deja apasionar y enardecer por la ensordecedora música antes de empezar la competición".

Dada la multiplicidad de ejemplos de este tipo en el deporte, los investigadores sentían curiosidad por saber si la música en efecto proporciona algún tipo de armadura psicológica. Rucker, Hsu y otros tres colegas (Loran Nordgren, profesor titular de gestión y organizaciones de la Kellogg, Li Huang, egresado de la Kellogg y ahora profesor en el INSEAD, y Adam Galinsky, ex profesor de la Kellogg que ahora enseña en la Columbia Business School) diseñaron una serie de estudios para averiguarlo.

Prepárate
Primero, los investigadores identificaron la música capaz de electrizar a los oyentes y la que los dejaba indiferentes. El proceso fue muy sencillo: trajeron gente al laboratorio, les tocaron una serie de canciones y les pidieron indicar en una escala de siete puntos lo poderosos, dominantes y resueltos que los habían hecho sentir. Las canciones ganadoras (We Will Rock You, de Queen, Get Ready for This, de 2 Unlimited, e In Da Club, de 50 Cent) se colocaron en una lista de reproducción "de alta potencia". Otras tres canciones, similares en cuanto a estilo (música deportiva y hip-hop), pero clasificadas como menos electrizantes, se pusieron en la lista de reproducción "de baja potencia".

A continuación, a un nuevo grupo de participantes se les hizo escuchar una de las dos listas de canciones a medida que realizaban varias tareas. En uno de los experimentos, se mostraron a los participantes palabras incompletas, tales como P_ _ E R, con las que se podía crear una palabra relacionada con la dominación (por ejemplo, PODER) u otra inconexa (por ejemplo, PONER). Efectivamente, los que escucharon la lista de canciones de alta potencia se mostraron más propensos a completar la palabra con vocablos relacionados con el poder que los que escucharon la lista de baja potencia. Como los participantes tenían instrucciones de completar la palabra con el primer vocablo que les viniera a la cabeza, el estudio sugiere que el efecto enardecedor de la música puede ser hasta cierto punto inconsciente y automático.

La modificación del comportamiento
Los siguientes experimentos se destinaron a averiguar si la música que confiere sentimientos de poder impulsa a las personas a comportarse como si de hecho fueran más poderosas. "Algo que aprendimos de las investigaciones anteriores es que las personas que se sienten poderosas tienden a presentar la primera oferta en una negociación. Básicamente, el poder es la propensión a actuar, a hacerse cargo de la situación", explica Rucker. A los participantes se les hizo escuchar música y luego se les preguntó si preferirían ser los primeros o los segundos en intervenir en un debate. Efectivamente, los que escucharon la lista de canciones de alta potencia eligieron ser los primeros en salir a la palestra casi dos veces más frecuentemente (34%) que los que escucharon la lista de baja potencia (20%).

Pero, ¿qué tiene la música electrizante que la hace tan…electrizante? En su último experimento, los investigadores analizaron una característica de la música en particular (el nivel de graves) creando versiones de las mismas canciones, unas con más y otras con menos sonidos graves. Los oyentes notaron que las versiones con mayor contenido de sonidos graves los hacían sentir más poderosos, tanto consciente como inconscientemente. ¿Por qué ocurre esto? Tal vez estemos programados para asociar los tonos retumbantes con las experiencias y los objetos grandes y poderosos. Valga el ejemplo de Darth Vader. "Fue uno de los villanos de la pantalla más intimidantes e imponentes que jamás han existido y su vozarrón bajo y profundo imponía su presencia y su señorío sin par", explica Rucker. O tal vez sea que las notas graves calan muy hondo en nosotros, haciéndonos sentir grandes y poderosos. Cualquiera que sea la razón, los investigadores piensan que el nivel de graves es sólo una de las múltiples características de la música (volumen, tempo, género y letra, entre otras), que nos ayudan a sentirnos omnipotentes.

¿Música en el lugar de trabajo?
La investigación parece indicar que la capacidad de la música para entusiasmarnos puede resultar útil fuera del estadio. "De la misma manera que los deportistas profesionales escuchan música enardecedora antes de irrumpir en el campo de juego para dinamizar su estado de ánimo", afirma Rucker, "los demás podemos hacer lo mismo en situaciones en las que queremos llenarnos de bríos". Tal vez porque tenemos una reunión con el jefe o con algún cliente importante. O con motivo de una entrevista de trabajo. Las investigaciones anteriores de Rucker y sus colegas han demostrado que la sensación de poder mejora el desempeño en las entrevistas. "La música electrizante se puede utilizar estratégicamente para alcanzar el estado de ánimo idóneo".

Los investigadores esperan que estos estudios den lugar a investigaciones más amplias sobre el impacto de la música en la mente y el comportamiento. Podría ser una investigación útil para empresarios y comerciantes: "Lo que queremos saber es cuándo la música tiene un efecto en los empleados, y cuándo esto me debe interesar a mí como gerente. Y lo que es Igualmente importante: cuándo no me debe interesar".

También deberían tomar nota las compañías de publicidad. "Dado que la música puede tener desencadenantes psicológicos, lo que es preciso lograr en un anuncio es alinearse con lo que se desea que el consumidor piense y sienta", afirma Rucker. Y en términos más generales, la investigación no debería limitarse a la música. También podríamos analizar la manera en que demás señales ambientales repercuten en nuestro comportamiento. Aparna Labroo, profesor de mercadotecnia de la Kellogg, ha observado, por ejemplo, que aumentar la intensidad de las luces puede intensificar las emociones.

Por lo pronto, no hay por qué avergonzarse de arrancar a bailar al ritmo de la música de alto octanaje en la ducha, el automóvil o durante la preparación para una entrevista de trabajo.