Organizations dic. 9, 2013

¿Rico, infe­liz… e indul­gente con la fal­ta de ética?

La éti­ca, los ingre­sos y la sen­sación de bien­es­tar se influyen entre sí de man­eras imprevisibles

Based on the research of

Long Wang

J. Keith Murnighan

Kei­th Murnighan no se anda con rodeos: No sé ust­edes, pero yo pre­fiero ten­er más ingre­sos que menos. ¿Pero aca­so eso me hace más feliz? De hecho, más bien me ago­b­ia, porque ten­go miedo de perder­los”. Así describe Murnighan, psicól­o­go de pro­fe­sión y pro­fe­sor de admin­is­tración y orga­ni­za­ciones en la Kel­logg School, su propia expe­ri­en­cia de una de las más famosas con­clu­siones de las cien­cias sociales: la parado­ja de East­er­lin, según la cual, más allá de cier­to umbral el dinero ya no com­pra la feli­ci­dad; de hecho, más bien parece ero­sion­arla seri­amente. Pero Murnighan quería tam­bién explo­rar la inter­sec­ción entre la éti­ca y la inter­relación de los ingre­sos con la feli­ci­dad. Dice: Yo enseño éti­ca y lid­er­az­go en nue­stro pro­gra­ma de MBA (Maestría en Admin­is­tración de Empre­sas) para ejec­u­tivos, y a menudo comen­ta­mos el hecho de que en algunos país­es la cor­rup­ción, el sobor­no y otros com­por­tamien­tos reprochables se dan por hechos: es así como se hacen los nego­cios. Pero yo sospe­cho que, por muy gen­er­al­iza­do que esté el sobor­no, la gente entiende per­fec­ta­mente que no es un com­por­tamien­to éti­co y que tiene todo tipo de con­se­cuen­cias sociales negativas”.

Murnighan, en colab­o­ración con su coau­tor, Long Wang, de la City Uni­ver­si­ty of Hong Kong, decidió inves­ti­gar las rela­ciones entre el dinero, las emo­ciones y la éti­ca a niv­el de las per­sonas y de país­es enteros. Parte de lo que hemos estu­di­a­do en el pasa­do es la avari­cia”, dice. Platón y Aristóte­les decían que la avari­cia es miope, una afir­ma­ción que nue­stros datos cor­rob­o­ran ampli­a­mente 2000 años después. Si acep­ta­mos esto, la sigu­iente pre­gun­ta lóg­i­ca es: a medi­da que cre­cen nue­stros ingre­sos, ¿nos volve­mos menos tol­er­antes de los com­por­tamien­tos fal­tos de éti­ca o más?”

Altos ingre­sos, fuertes impactos 

Para estu­di­ar esta cuestión empíri­ca­mente, Murnighan y Wang muestrearon datos de la Encues­ta Mundi­al de Val­ores de 2005 – 2006, en la que se pidió a encues­ta­dos de 27 país­es que indicaran sus ingre­sos, eval­u­aran su esta­do de feli­ci­dad en una escala del uno al diez, y señalaran has­ta qué pun­to les parecían acept­a­bles cier­tos com­por­tamien­tos reprob­a­bles gen­er­al­iza­dos (como por ejem­p­lo, engañar en el pago de impuestos o evi­tar pagar el bil­lete en un trans­porte públi­co). Inclu­so las per­sonas más nor­males y cor­ri­entes sien­ten la tentación de decir: Sí, eso está bien’ ”, dice Murnighan.

Él y Wang tam­bién muestrearon datos de encues­tas sobre la cor­rup­ción en 55 país­es deriva­dos del Informe sobre Com­pet­i­tivi­dad Glob­al del Ban­co Mundi­al, y de las pun­tua­ciones en mate­ria de feli­ci­dad de los mis­mos país­es proce­dentes de la Base de Datos Mundi­al de la Feli­ci­dad. Estas otras bases de datos nos per­mi­tieron com­bi­nar estas pre­gun­tas de una for­ma nove­dosa para ver qué resul­ta­dos obteníamos”, dice Murnighan. No es car­ac­terís­ti­co de mi inves­ti­gación ante­ri­or, que casi toda ha tenido lugar en el lab­o­ra­to­rio. Pero lo bueno que tienen los tiem­pos en que vivi­mos es que podemos uti­lizar este tipo de datos para analizar con detalle los dile­mas éti­cos a gran escala. Y hay que decir que nos sor­prendieron total­mente los resultados”.

Esos resul­ta­dos, que Murnighan y Wang cal­i­f­i­can de provo­cadores”, ponen de man­i­fiesto una relación entre el dinero, la feli­ci­dad y la éti­ca que, según Murnighan, rev­ela quiénes son las per­sonas de las que tal vez sea mejor no fiarse”. De los 27 672 encues­ta­dos cuyos datos se analizaron, los más incli­na­dos a no con­denar los com­por­tamien­tos fal­tos de éti­ca fueron los que indi­ca­ban ten­er un bajo niv­el de feli­ci­dad, pero un ele­va­do niv­el de ingre­sos. Al mis­mo tiem­po, dice Murnighan, el resul­ta­do indi­vid­ual más con­tun­dente es el de la com­bi­nación de altos ingre­sos y sat­is­fac­ción con la vida: esas son las per­sonas que más con­de­nan los com­por­tamien­tos poco éti­cos”. Amplian­do el enfoque a niv­el de país, Murnighan y Wang deter­mi­nan que cuan­to más cor­rup­ción hay, menos feliz es la gente”.

Rico, feliz y ético

Según Murnighan, estos resul­ta­dos per­miten vis­lum­brar con poderosa” clar­i­dad los fac­tores económi­cos que influyen en la feli­ci­dad a niv­el micro y macro. La sat­is­fac­ción con la vida y la feli­ci­dad son logros deseables para las per­sonas y para las sociedades en su total­i­dad”, dice. No sabe­mos cuál es la causa de qué: ¿aca­so ser rico y feliz lo hace a uno más éti­co, o ser más éti­co lo hace a uno más rico y feliz? Pero sí podemos demostrar que las per­sonas que encar­an la vida con brío y opti­mis­mo, y que además resul­ta ser que perciben ingre­sos altos, sue­len ser las más dig­nas de confianza”.

En cuan­to à la otra fuerte cor­relación entre los altos ingre­sos, la poca sat­is­fac­ción con la vida y la tol­er­an­cia ante la fal­ta de éti­ca, Murnighan espec­u­la que puede que una per­sona rica e infe­liz se sien­ta mal debido a su pro­pio com­por­tamien­to poco éti­co, pero es posi­ble que ese mis­mo com­por­tamien­to fuese lo que la enrique­ció en primer lugar”.

Aunque las inves­ti­ga­ciones no arro­jan luz sobre las rela­ciones de causa y efec­to entre el dinero, la feli­ci­dad y la éti­ca, Murnighan sospecha que es prob­a­ble el pun­to de par­ti­da sean los ingre­sos”; en otras pal­abras, es posi­ble que dispon­er de una bue­na can­ti­dad de dinero pro­por­cione la hol­gu­ra” psi­cológ­i­ca sufi­ciente para con­sid­er­ar éti­ca­mente las necesi­dades y per­spec­ti­vas de los demás, lo que a su vez cause una sen­sación de bien­es­tar. Por otro lado, tam­poco sor­prende que los que han acu­mu­la­do grandes riquezas de man­era poco éti­ca sean suma­mente tol­er­antes de los com­por­tamien­tos poco éti­cos. Pero, como insinu­a­ban Platón y Aristóte­les, es posi­ble que los sen­timien­tos pos­i­tivos de bien­es­tar no for­men parte de esa ecuación. Es una hipóte­sis que me gus­taría some­ter a prue­ba”, dice Murnighan.

Tam­bién señala que las con­clu­siones más amplias sobre la cor­rup­ción y la feli­ci­dad serán un polo de atrac­ción para inves­ti­ga­ciones ulte­ri­ores e inter­ven­ciones políti­cas. Nos pro­por­cio­nan otro argu­men­to más para luchar con­tra la cor­rup­ción”, afir­ma. Está claro que luchamos con­tra ella porque per­ju­di­ca a las per­sonas. Pero si reducir la cor­rup­ción tam­bién ayu­da a crear una sociedad más feliz y atrac­ti­va en gen­er­al, es una razón de más”.

Featured Faculty

J. Keith Murnighan

Member of the Department of Management & Organizations from 1996-2016

About the Writer

John Pavlus is a writer and filmmaker focusing on science, technology, and design topics. He lives in Portland, Oregon.

About the Research

Wang, Long, and Murnighan, J. Keith. “Money, Emotions and Ethics Across Individuals and Countries.” Forthcoming. Journal of Business Ethics.

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