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Cómo superar el miedo a equivocarse
Careers mar. 6, 2026

Cómo superar el miedo a equivocarse

El FOMU puede conducir a un exceso de precaución. Lea los consejos de una experta de la Kellogg School of Management sobre la manera de asumir riesgos y aprender de los errores.

Riley Mann

Based on insights from

Ellen Taaffe

Si alguna vez ha sentido ansiedad ante la posibilidad de que algo emocionante esté sucediendo sin usted, ya sabe lo que es el llamado FOMO (fear of missing out, o miedo a perderse algo). Pero ¿qué sucede cuando uno siente una preocupación constante por equivocarse?

El FOMU (fear of messing up o miedo a meter la pata) puede tener el efecto contrario al FOMO. Según Ellen Taaffe, profesora de la Kellogg School of Management, en lugar de impulsar a la acción, el miedo a equivocarse conduce a un exceso de prudencia.

«No siempre somos conscientes de por qué nos frenamos —afirma Taaffe, profesora asociada de Gestión y Organizaciones y autora del reciente libro The Mirrored Door—. Todo gira en torno a lo que pensamos de nosotros mismos y a lo que los demás piensan de nosotros».

La inquietud por la posibilidad de dar un paso en falso puede surgir en cualquier momento de la vida laboral, aunque suele ser más común entre las personas que se encuentran en una etapa temprana de su carrera o en un nuevo puesto exigente.

«La autocrítica es especialmente común al principio de la carrera, cuando uno aún está aprendiendo sobre sí mismo y sobre su trabajo», dice Taaffe.

Sin embargo, los efectos del miedo a equivocarse pueden ser más perjudiciales a medida que avanzamos en nuestra carrera y se espera que tomemos decisiones cada vez más arriesgadas.

«El liderazgo implica asumir riesgos y, cuanto más se asciende, más riesgos hay que correr —afirma Taaffe—. A medida que crecemos en nuestra carrera, debemos estar dispuestos a asumirlos».

Taaffe ofrece consejos sobre cómo reconocer y superar el miedo a cometer errores y, cuando inevitablemente ocurren, cómo aprender de ellos.

Determine qué lo hace dudar

El miedo a equivocarse se manifiesta de forma distinta según la personalidad de cada persona, explica Taaffe. Tanto si tiende a ser perfeccionista, complaciente o una persona que rinde sin hacerse notar, su forma de ser puede determinar qué teme exactamente que ocurra si comete un error.

Aunque las razones que explican este miedo pueden variar según sus tendencias, todas producen el mismo resultado: la aversión al riesgo. Cuando uno tiene miedo a equivocarse, normalmente no se arriesga.

Para quienes tienen tendencias perfeccionistas, el temor a equivocarse suele estar relacionado con el temor al daño reputacional. La preocupación es dañar su propia reputación o la de la empresa si cometen un error.

«Quienes tienden al perfeccionismo son personas acostumbradas a recibir elogios y a destacar por su rendimiento —dice Taaffe—. Pero a medida que se les encomiendan mayores responsabilidades, pueden empezar a decirse: “Un momento. Necesito más preparación. No estoy listo para tomar una decisión"».

Además de inhibir la toma de decisiones, el miedo a errar también puede hacer que los perfeccionistas se conviertan en personas que tienden a la microgestión, para los que «nunca nada es suficientemente bueno», advierte Taaffe.

Para quienes buscan complacer a los demás, el miedo a equivocarse puede estar relacionado con el daño que un error puede causar a sus relaciones.

«Tenemos una visión exagerada de la reacción que podemos provocar si planteamos un conflicto, expresamos una opinión negativa o mostramos no estar de acuerdo —dice Taaffe sobre estas personas—. Por eso tendemos a contenernos cuando llega el momento».

Las personas que tienden a ser pacientes y a no imponerse, quizá debido a los valores que les fueron inculcados, no suelen afirmarse en situaciones de riesgo, como a la hora de pedir un aumento de sueldo o un ascenso.

Según Taaffe, para estas personas, el miedo a equivocarse puede reflejar la ansiedad que les provoca adoptar un comportamiento que entra en conflicto con su propia identidad y la imagen que tienen de sí mismos: «Hacerlo es casi como infringir las reglas».

Ajuste su perfil de riesgo

Entonces, si le preocupa equivocarse, ¿cómo puede ajustar su nivel de riesgo hasta encontrar un punto en el que esté más dispuesto a arriesgarse? Taaffe aconseja adoptar algunos pasos concretos para replantear su enfoque.

Para empezar, es importante recordar que no actuar también tiene sus consecuencias negativas.

«Se trata de entender los riesgos del liderazgo y los que corre nuestra carrera si no damos un paso al frente —afirma—. En cierto modo, se trata de asumir que lo que nos permitió llegar hasta aquí no nos llevará más lejos».

Los siguientes pasos también dependerán de sus tendencias y de las estrategias que le han funcionado hasta ahora.

Los perfeccionistas que se preocupan por su reputación tal vez tengan que armarse de valor para hacer algo que no les resulta natural: pedir ayuda. Esto puede implicar aprender a delegar o preguntar a sus superiores qué debe priorizarse en un proyecto determinado.

Por ejemplo, su jefe puede orientarle sobre la cantidad de esfuerzo que hay que invertir en el diseño de las diapositivas de una presentación. Un supervisor también puede determinar cuánto tiempo es demasiado dedicar a un análisis antes de que el mayor riesgo sea demorar el lanzamiento de un nuevo producto. En ciertos casos, ser eficientes podría ser más seguro que ser exhaustivos.

«A veces, la indecisión y el quedarse paralizado implican más riesgos que avanzar sin contar con información perfecta al cien por cien», afirma Taaffe.

Por un lado, los perfeccionistas acostumbrados al lujo de la preparación tal vez deban adoptar la mentalidad de los emprendedores, que habitualmente lanzan un «producto mínimo viable» en lugar de uno impecable. Taaffe dice: «¿Cuál es el mínimo esfuerzo viable que nos permita tomar una decisión bastante buena dadas las circunstancias y la urgencia?»

Sin embargo, por otro lado, los perfeccionistas experimentados pueden descubrir que, después de todo, su preparación adicional ya no es necesaria.

«Hay que preguntarse: “¿Qué es lo que ya sé?” —dice Taaffe—. Tal vez ya esté lo suficientemente preparado para decidir o hacer una recomendación».

De igual manera, quienes tienden a complacer a los demás pueden estar en una mejor situación desde el principio de lo que creen debido a los cimientos que han sentado.

«Sus relaciones suelen ser lo suficientemente sólidas como para que puedan arriesgarse a discrepar sin resultar desagradables», afirma Taaffe.

Al mismo tiempo, estas personas tan complacientes quizá deban empezar a examinar sus tendencias desde otra perspectiva. «Aproveche todo ese interés que tiene por los demás para arriesgarse a decir la verdad», dice Taaffe.

Para quienes rinden sin hacerse notar, reconocer el coste de su reticencia puede ayudarlos a replantearse el riesgo.

«El riesgo es volverse invisible —dice Taaffe—. Si uno no pide nada, si no se comunica, los demás pueden pensar que no es ambicioso».

Reconozca sus errores

Dicho lo anterior, superar el miedo a equivocarse no significa que no vaya a cometer errores.

Según Taaffe, cuando algo sale mal, lo importante es reconocer el error y darlo a conocer, en lugar de guardar silencio y dejar que el problema se enquiste.

Taaffe recuerda un error que cometió hace años, cuando dirigía la división de gestión de marcas de Quaker Oats. En las muestras comerciales para el lanzamiento de un nuevo producto, la etiqueta del lateral del paquete decía «oatmeat» en lugar de «oatmeal» (carne de avena, en lugar de harina).

Afortunadamente, el error tipográfico no llegó a las estanterías de las tiendas, pero el texto había pasado por varios niveles de aprobación. En una reunión de equipo, reconoció que la responsabilidad recaía sobre ella y que los errores son inevitables. A la larga, el error de etiquetado condujo a un cambio permanente en el proceso de aprobación, afirma Taaffe.

«Estábamos cansados y, en ese estado, podemos pasar por alto el error porque solo vemos “avena”», recuerda con respecto al incidente.

Como líder, Taaffe se dio cuenta de que podía dar ejemplo con este episodio, reconociendo su error y mostrando cómo asumir la responsabilidad la ayudó a vencer su propio miedo a equivocarse.

Este tipo de apertura ayuda a fomentar un entorno donde se normaliza el aprendizaje a partir del fracaso y el miedo a equivocarse disminuye. Taaffe sugiere otra idea: animar a compartir semanalmente los «fallos épicos». Escuchar a otras personas hablar con franqueza sobre sus pequeños errores puede ayudar a reducir la ansiedad que produce dar un paso en falso.

«La forma en que responden los líderes es clave para crear una cultura que fomente la asunción responsable de riesgos».

Featured Faculty

Clinical Associate Professor of Management & Organizations

About the Writer

Marc Hogan is a writer based in West Des Moines, Iowa.

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