He aquí una situación de todos conocida: sentados en el escritorio, nos esforzamos por buscarle a un problema soluciones creativas. Nos devanamos los sesos durante un tiempo, garabateamos media docena de ideas. Y luego nos estrellamos contra un muro. ¿Hemos llegado ya al límite de nuestra creatividad? ¿O deberíamos obligarnos a seguir generando ideas?

Según una nueva investigación de la Kellogg School, perseverar en el empeño creativo puede ser mucho más fructífero de lo que se piensa. De hecho, las mejores ideas no suelen surgir sino más adelante en el proceso reflexivo: interrumpirlo prematuramente supone tal vez renunciar a realizar un descubrimiento significativo.

"La gente sencillamente se rinde con demasiada facilidad”, dice Loran Nordgren, profesor titular de gestión y organizaciones. “Se privan de generar sus ideas más interesantes cuando tiran la toalla antes de tiempo”.

El equipo de investigadores de Nordgren constató que las personas suelen subestimar el número de ideas novedosas que podrían generar de persistir en el empeño, lo que tal vez se deba a que las tareas creativas parecen duras y su éxito, incierto. Visto de otro modo: al cabo de cinco minutos realizando divisiones matemáticas, uno suele tener una idea bastante exacta de la cantidad de problemas que podrá resolver si le conceden cinco minutos más. Mucho más difícil es predecir la trayectoria de logros que se pueden alcanzar cuando la tarea es de índole creativa, por lo que los beneficios de la perseverancia se vislumbran con menos claridad.

De ello se desprende que no debemos hacer caso inicialmente de esa voz que nos dice que se nos ha secado la fuente de ideas.

“En las tareas creativas, la persistencia nos permite llegar algo más lejos de lo que se piensa”, dice a Brian Lucas, que trabajó en el estudio cuando hacía su doctorado en la Kellogg School y actualmente es profesor en la Booth School de la University of Chicago.

No cejar en el empeño
Tanto el anecdotario como la investigación indican que la persistencia es un elemento clave del logro creativo. A fin de cuentas, James Dyson llegó a crear 5.127 prototipos en su afán por inventar una aspiradora mejor. Y un estudio ha demostrado que el número de obras famosas que crea un compositor a lo largo de un período determinado guarda relación con el volumen total de composiciones producidas.

Sin embargo, no se sabe hasta qué punto se comprende lo importante que es persistir en la labor creadora. “El vínculo que existe entre la persistencia y la creatividad”, dice Lucas, “ya se ha investigado. Lo que casi no se ha estudiado es la medida en que la gente percibe que exista ese vínculo”.

Para averiguarlo, Lucas y Nordgren realizaron una serie de experimentos en los que los participantes se dedicaron a reflexionar para generar ideas creativas durante dos breves intervalos de tiempo. Terminado el primer intervalo, se les dio la oportunidad de predecir cuántas ideas generarían en el segundo, con objeto de comparar posteriormente las predicciones con el número de ideas producidas. En algunos casos, se reclutaron personas en línea para valorar la originalidad de las ideas generadas durante el experimento.

En el primer experimento, 24 estudiantes universitarios tuvieron que inventar platos originales para servir el Día de Acción de Gracias. Estos estudiantes subestimaron lo que podrían lograr si perseveraban: predijeron que serían capaces de producir unas diez ideas más en el segundo intervalo, pero generaron alrededor de quince.

Lo curioso es que muchas de las ideas que surgieron del primer intervalo resultaron ser bastante comunes, por ejemplo: pavo con puré de papas. Pero en el segundo intervalo las ideas ganaron en creatividad y recibieron puntuaciones de originalidad más elevadas. Por ejemplo, un participante propuso barquillos en forma de pavo.

Una pequeña duda
¿La subestimación es solo específica del trabajo creativo?

En un segundo experimento, los investigadores asignaron a un grupo de participantes una tarea muy creativa, tal como imaginar usos para cajas de cartón, y a otro una poco creativa, como resolver problemas sencillos de matemáticas.

Los participantes del grupo asignado a la tarea poco creativa subestimaron ligeramente los beneficios de la perseverancia: calcularon que generarían una media de siete soluciones más y terminaron produciendo ocho. Pero los que acometieron la tarea sumamente creativa infravaloraron la perseverancia en mucho mayor grado. Predijeron una media de seis ideas adicionales, pero generaron diez.

¿Cómo se explican estos los resultados? Como el trabajo creativo no es lineal, nunca sabemos lo cerca que estamos de generar una buena solución, ni si aumentar el esfuerzo rendirá más ideas. “Siempre cabe la duda, porque nunca sabemos con exactitud cuánto estamos avanzado”, dice Lucas.

Esto particularmente cierto cuando la tarea creativa se considera dura. De hecho, en otro experimento los investigadores observaron que, cuanto más difícil se consideraba la tarea creativa, más se subestimaba el número de ideas que se podrían producir de persistir en ella.

Dudar de las capacidades creativas propias, en lugar de reconocerlas
Los investigadores se preguntaban si la perseverancia se seguiría infravalorando de haber dinero en juego.

Para poner a prueba esa hipótesis, a los participantes se les pagó una pequeña cantidad de dinero por cada idea creativa generada durante un ejercicio de cuatro minutos. Entonces se les ofreció una “oportunidad de inversión": si devolvían una pequeña parte de sus ganancias, podrían continuar generando ideas –y ganando dinero– otros cuatro minutos más.

Los investigadores observaron que, en total, resultaba más rentable para los participantes continuar generando ideas, aunque no todos eligieran esa opción. Quiere decir que los que dudaron del poder de la perseverancia lo hicieron en detrimento propio.

Los investigadores también se preguntaban acerca de ciertos profesionales que saben muy bien lo que es lidiar con retos creativos: los cómicos. ¿Serían capaces de calibrar mejor su rendimiento?

Se realizó un experimento con cuarenta y cinco cómicos especializados en sketches humorísticos, a los que se les asignó la tarea de imaginar posibles desenlaces para distintas situaciones cómicas. Por ejemplo, una de ellas era: “Hay cuatro individuos partiéndose de risa histérica en un escenario. Dos de ellos se chocan los cinco, todos paran de reír de inmediato y uno dice: ______”.

Lo mismo que los participantes de los experimentos anteriores, los cómicos subestimaron lo fructífero que sería perseverar en la búsqueda de finales novedosos. Pero supieron calibrar su éxito con mucha mayor precisión que los demás participantes. Predijeron una media de cinco ideas y generaron seis. Lucas postula que tal vez estén mejor sintonizados con el funcionamiento del proceso creativo y eso les permita calcular con mayor exactitud.

El valor de la persistencia
La lección práctica de todo esto es que, si en el transcurso de una tarea creativa llega un momento en el que uno se siente atascado, no hay que hacerle caso a esa sensación, al menos durante algún un tiempo.

“Esa impresión de que se nos han agotado las ideas es incorrecta y no hay que dejarse llevar por ella”, dice Nordgren.

No es que los investigadores aboguen por perseverar indefinidamente: en el estudio los participantes dedicaron solo breves períodos de tiempo a las tareas, así que no está claro aún si los resultados son válidos en una escala de horas, días o semanas. Tampoco hay una fórmula mágica para determinar cuándo se ha llegado a encontrar la solución óptima.

Aun así, a los investigadores les resulta útil aplicar sus conclusiones a su propio trabajo. Por ejemplo, si Nordgren y sus colegas se reúnen durante media hora y solo cosechan ideas mediocres, no se dan por vencidos.

“Hay que evaluar la calidad de las soluciones que se han encontrado hasta el momento y, si se estima que son inadecuadas, continuar la búsqueda”, dice. “Porque hay buenos motivos para pensar que se hallarán soluciones mejores”.