La caza furtiva de empleados nunca ha sido tan fácil ni tan tentadora. Sitios web tales como CareerBuilder y LinkedIn facilitan enormemente la caza de talentos. En vez de limitar la búsqueda a aquellos que presentan su candidatura para un empleo, las empresas pueden ahora utilizar estos sitios para buscar entre los que más aptitudes poseen para el trabajo en cuestión.

Es muy cierto que las empresas que son víctimas del rapto pierden conocimientos y capacidades cuando se les van sus empleados. Además, el reemplazo de empleados promueve la competencia laboral y el alza de los salarios, y el temor de perder empleados obliga a las empresas a planificar para algo que puede acontecer o no. Eso ha dado lugar a que ciertas empresas respondan con estrategias agresivas, incluso ilegales, contra el robo de empleados. En abril de 2015, un juez aprobó el pago de una indemnización de $415 millones por parte de varias empresas tecnológicas —entre ellas Apple y Google— a favor de unos 64.000 empleados que dichas empresas habían ilícitamente acordado no robarse entre sí.

Pero unas investigaciones recientes indican que, en ciertas circunstancias, el robo de personal puede resultar beneficioso tanto para la empresa que roba como para la que sufre el robo. La práctica contribuye a la transferencia de conocimientos, y la rotación de personal a la propagación de mejores prácticas en la industria en cuestión. También permite compartir la carga de mantener a una mano de obra altamente cualificada, ayudando a las empresas en crecimiento a captar empleados de manera barata, y a las estancadas a deshacerse de ellos. Las nuevas investigaciones señalan otra ventaja más: en una cadena de abastecimiento, cuando una empresa que es poco productiva roba personal a una empresa que lo es más, incluso la que pierde los empleados puede experimentar aumentos de productividad y de ingresos por ventas.

“Si la ventaja es grande desde el punto de vista de [un aumento] del número de productos que se pueden vender o de la calidad de los productos o del precio que se puede cobrar por ellos, entonces hay un incentivo mucho mayor para que una empresa deje irse a sus trabajadores y permita que otra empresa se los robe”, dice a Evan Barlow, candidato a un doctorado en gestión de operaciones en la Kellogg.

En busca del equilibrio

La mayor parte de las investigaciones sobre el robo de personal se ha centrado en el efecto que produce en las empresas que compiten entre sí. En cambio, Barlow y sus coautores Gad Allon y Achal Bassamboo, profesores de economía empresarial y ciencias de la decisión de la Kellogg, enfocaron su investigación en las empresas que forman parte de una cadena de abastecimiento. En muchas de éstas existe algún “cuello de botella”, o sea, una empresa que, por falta de recursos, restringe la producción de toda la cadena. En esos casos, dice Allon, el robo de personal “permite a las empresas reasignar recursos incluso en ausencia de un acuerdo formal”.

Los investigadores idearon un modelo según el cual un proveedor y un fabricante pertenecientes a la misma cadena de abastecimiento compiten por los mismos empleados al tiempo que intentan maximizar sus ganancias. Las empresas deben encontrar un equilibrio entre el aumento de ingresos que supone incrementar la productividad de la cadena de abastecimiento y los costos de encontrar, atraer y contratar empleados nuevos. Es un equilibrio difícil de lograr porque, si bien la empresa más productiva puede sentir la tentación de robarle empleados a la menos productiva, si lo hiciera mermaría aún más su capacidad de producción y empeoraría el embotellamiento, lo que disminuiría los ingresos por ventas de ambas empresas.

Pero el robo en sentido inverso —cuando la empresa menos productiva seduce a los empleados de la más productiva— produce el efecto opuesto: permite que el cuello de botella incremente su capacidad de producción, lo que mejora la productividad de toda la cadena de abastecimiento y aumenta los ingresos por ventas de ambas empresas.

Una palabra: plásticos

La industria del petróleo y el gas de lutitas sirve de ejemplo del robo simbiótico en acción.

Esta industria ha experimentado un espectacular crecimiento, que Forbes sitúa en un 51 por ciento anual desde 2007. Este crecimiento ha tenido importantes consecuencias para los consumidores, con un ahorro medio por familia de $425 a $725 anuales en costos energéticos. El impacto ha reverberado por toda la cadena de abastecimiento. “Los clientes de la industria del petróleo y el gas de lutitas de hecho están ampliando sus operaciones para utilizar la mayor cantidad de gas natural disponible”, dice Barlow.

Los fabricantes de plásticos, por ejemplo, dependen de la productividad de las empresas de petróleo y gas; el espectacular aumento de la producción ha reducido enormemente sus costos y aumentado su provisión de materia prima. Cuando las capacidades productivas de dos industrias están tan estrechamente relacionadas entre sí, el robo de empleados puede resultar ventajoso para ambas. Una empresa de plásticos cuyos empleados le han sido robados se ve obligada a reemplazarlos, pero los incrementos de productividad y de ingresos compensan casi inmediatamente los costos de contratación de nuevos empleados.

“Sí, están perdiendo trabajadores. Sí, sufren de una relativa escasez de trabajadores”, dice Barlow. “Pero al mismo tiempo, nunca han tenido tanta cantidad de gas natural disponible. Desde esa perspectiva, el robo de sus trabajadores ha sido muy beneficioso”.

En cambio, para empresas tecnológicas como Apple, Google y sus socios en la cadena de abastecimiento, los costos derivados del robo de personal son mayores que los beneficios. Las ventajas inmediatas son prácticamente nulas; la competencia para conseguir ingenieros informáticos cualificados es feroz; y las ganancias producidas por el aumento de la productividad son mínimas comparadas con la presión al alza sobre los salarios y los costos de contratación y capacitación de nuevos empleados. Por consiguiente, las empresas tecnológicas hacen todo lo posible por impedir que les roben sus empleados.

Cómo pensar de manera estratégica

La investigación indica que las empresas que están conectadas en una cadena de abastecimiento se pueden beneficiar de formar parte de un “centro de fabricación”: un área geográfica relativamente reducida donde las instituciones de los distintos sectores (entre ellos el gobierno, la industria privada y la universidad) colaboran en la investigación y creación de productos. Lo mismo que facilitan el flujo libre de ideas, estos centros también pueden facilitar el robo de personal, ya que los empleados no tienen que mudarse para cambiar de empleador.

La investigación también es de interés para los responsables de las políticas destinadas a reducir el desempleo. Por ejemplo, para promover la creación de empleos durante la Gran Recesión, el Congreso aprobó un paquete de estímulos que incluía fondos para reembolsar a las empresas los gastos de contratación de personal. Sin embargo, solo el 42 por ciento de los empleados contratados por las empresas que recibieron el estímulo estaban en paro en ese momento, lo que significa que lo que se reembolsó fue más bien el robo de empleados.

Dada esta realidad, a la hora de estimular la economía convendría crear incentivos destinados a las empresas que más efecto pueden tener en la economía en general: las que causan los embotellamientos. “Si [las autoridades] logran dirigir sus esfuerzos hacia estas empresas con buen tino”, dice Barlow, “todas las demás empresas también tendrán incentivos para contratar trabajadores. De ese modo, el Gobierno podría reembolsar los costos de contratación de una empresa y amplificar los efectos de esa inversión única en la contratación. Esa es la ventaja de dirigir las medidas hacia las empresas que constituyen los cuellos de botella”.